lunes, 3 de agosto de 2015

COSAS PEQUEÑAS by Gary Wilkerson

Salomón escribió: "Cazadnos las zorras, las zorras pequeñas, que echan a perder las viñas; porque nuestras viñas están en cierne" (Cantar de los Cantares 2:15). Salomón nos está advirtiendo que a menudo, son los pequeños y persistentes problemas los que nos impiden caminar plenamente en el llamado de Dios a una vida abundante en Él.

¿Recuerdas cuando le entregaste tu vida a Jesús? Como todo nuevo cristiano, tu corazón se llenó de propósito. Experimentaste el amor sanador de Dios y anhelabas compartirlo con los demás, la evangelización, la reconciliación y el servicio. A medida que avanzabas en esta nueva vida, comenzaste a entender mejor tu papel en el reino de Dios y tus dones para servirle. Tal vez también sentiste un llamada a algún tipo de ministerio.

Pero entonces sucedió algo peculiar. Casi a diario, tu enfoque sólo en Jesús, se vio invadido por otras exigencias. Pequeñas cosas aparecieron, capturando tu atención y distrayéndote, para que, lentamente, pierdas tu enfoque en Cristo.

Mi padre, David Wilkerson, estaba muy familiarizado con este aspecto de la vida cristiana. Él estaba determinado a mantener una íntima comunión con Dios mediante la oración y nada podía interrumpirlo en ello. Papá oraba entre dos y cuatro horas cada día de su vida, a veces, tomaba todo un día para orar, advirtiéndonos que no lo interrumpamos.

La necesidad de enfocarnos intensamente, se demuestra por la famosa familia Wallenda, acróbatas de cuerda floja por más de siete generaciones. Hace aproximadamente un año, Nik Wallenda contribuyó con el nombre legendario de su familia, al caminar sobre una cuerda suspendida sobre un acantilado en el Gran Cañón. Ese día hubo bastante viento y Nik no estaba seguro de qué hacer; sin embargo, una vez que se decidió, tuvo el enfoque de un rayo láser. Él salió del vestuario con una expresión extraordinaria. Todos los periodistas se quedaron en silencio y las cámaras tomaron un acercamiento de su rostro. Cada respiración estaba en sintonía con su objetivo. Ni siquiera el fuerte viento fue capaz de distraerlo; con su vara en la mano, se acercó a la cuerda y comenzó a cruzar el cañón, sin distraerse por instante.

El enfoque de Nik Wallenda fue realmente una cuestión de vida o muerte. Sin embargo, nosotros, en la iglesia de Jesucristo, tenemos un llamado aún más alto. Pero, ¿tenemos ese enfoque de rayo láser? ¿Con qué frecuencia nuestras distracciones han prolongado días, meses, incluso años, nuestro tiempo divagando en mediocridad?