martes, 18 de agosto de 2015

LA AUTORIDAD DE JESÚS

Después que Jesús dio el sermón en el monte, Sus oyentes quedaron maravillados. La Escritura dice: “La gente se admiraba de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas” (Mateo 7:28-29). La palabra “autoridad”, en griego, en este versículo, significa: “con dominio, poder, libertad; como en control”. Los oyentes de Jesús decían, en esencia: “Este hombre habla como que alguien que sabe de qué habla”.

Noten que este versículo no dice que Cristo habló: “con autoridad”, sino más bien: “como quien tiene autoridad”. Es una cosa hablar con lo que pensamos que es la autoridad: en voz alta y bulliciosa, aparentando tener el control total. Pero en el reino de Dios, la autoridad es algo totalmente diferente. Es algo que tú tienes, no algo que simplemente hablas.

La autoridad que Jesús ejerció, sacudió el sistema religioso entero. Los líderes judíos continuamente venían a Él exigiendo conocer de dónde había obtenido Su autoridad: “¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¿y quién te dio esta autoridad?” (Mateo 21:23). Jesús les contestó claramente, “no se los diré” (ver 21:24-27). Nuestro Señor sabía que Él no tenía que contestarle al diablo acerca de donde obtuvo Su autoridad espiritual.

Cristo tenía esta autoridad, no tan sólo en el púlpito, sino que también sobre todos los poderes satánicos. Cuando entró en una sinagoga en Capernaum, fue confrontado por un hombre poseído por un espíritu demoníaco. El espíritu gritó: “¿Qué tienes con nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido para destruirnos?” (Marcos 1:24).

Ahora bien, Jesús sabía que esta sinagoga no necesitaba otro sermón ni interpretación de la ley. No necesitaba un seminario de “cómo hacerlo” o algún nuevo programa motivador. Necesitaban una persona con autoridad, alguien que pudiera expulsar al diablo de en medio de ellos y limpiar tanto al hombre poseído como aquella iglesia sin poder.

Cristo hizo uso de Su autoridad para hacer justamente esto. La Escritura dice: “Jesús le reprendió, diciendo: Cállate, y sal de él” (1:25). En términos modernos, Jesús dijo: “Cállate diablo, y vete de aquí”. Y Satanás huyó: “El espíritu inmundo… salió de él” (1:26). Nuevamente, la gente se maravilló, diciendo: “¿Qué es esto… que con autoridad manda aun a los espíritus inmundos, y le obedecen?” (1:27).

Si alguna vez la iglesia de Jesucristo necesitó Su poder y autoridad, ¡el tiempo es ahora!