viernes, 31 de julio de 2015

LA REVELACIÓN DE JESUCRISTO

Hay veintenas de ministros bien entrenados hoy en día, hombres altamente respetados de aprendizaje avanzado. Han pasado años en el seminario, estudiando teología, filosofía y ética, y han sido enseñados por maestros dotados, hombres estimados que son expertos en sus campos.

Pero cuando muchos de éstos ministros entrenados se colocan en el púlpito para predicar, hablan sólo palabras vacías. Pueden decirte muchas cosas interesantes sobre la vida y ministerio de Cristo, pero lo que dicen deja tu espíritu frío. ¿Por qué? Porque no tienen una revelación de Jesús, ninguna experiencia personal con Él. Todo lo que saben de Cristo ha sido filtrado a través de las mentes de otros hombres. Su percepción son enseñanzas meramente prestadas.

En Efesios 4 y especialmente el verso 20, Pablo estaba preguntando: "¿Cómo aprendieron a Cristo?" En otras palabras: ¿Quién les enseñó lo que saben acerca de Jesús? ¿Vino de los muchos sermones que han oído o de sus clases de Escuela Dominical? Si es así, eso es bueno. ¿Pero, es eso todo lo que conocen de Cristo? No importa cuán poderosamente su pastor pueda predicar, o cuán ungidos puedan estar sus maestros, ustedes necesitan más que el simple conocimiento intelectual acerca de Jesús.

Muchos creyentes están satisfechos con lo que llamo una primera revelación inicial del poder y gracia salvadora de Cristo. Ésta es la única revelación de Jesús que han tenido. Testifican, "Jesús es el Mesías, el Salvador, el Señor, el Hijo de Dios." Todo verdadero creyente experimenta esta maravillosa revelación que cambia la vida, pero ése es sólo el primer paso. Lo que sigue es una vida de revelaciones más profundas y más gloriosas de Cristo.

Pablo sabía esto. Él recibió una revelación increíble de Jesús en el camino a Damasco. Pablo fue tumbado literalmente de su caballo, y una voz le habló desde el cielo. Ninguna persona había tenido una revelación más personal de Cristo que esta, pero Pablo sabía que esto era sólo el principio. Desde ese momento en adelante, él se "[propuso] no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado" (1 Corintios 2:2).