martes, 28 de julio de 2015

ALIMENTANDO A JESUS

He estado preguntándole al Señor si es posible hoy, en este tiempo de gracia, vivir como él lo hizo. ¿Podemos ser totalmente dependientes en la voz del Padre de la gloria? ¿Es posible oír su dirección para nuestras vidas día a día, momento a momento? ¿Hay tal caminar para nosotros, para que también podamos decir: "hablo solamente lo que escucho del Señor, y hago sólo lo que le veo hacer?"

Conozco el gozo que viene de estar encerrado a solas con Cristo. Viene de adorarle, ministrarle a él, esperar que él nos revele Su corazón. Llamo a este tiempo “alimentando a Jesús”. Me siento en su presencia, para escuchar su silbo apacible y delicado. Y él me habla, enseñándome, ministrándome a través de su Espíritu Santo, mostrándome cosas que no podría aprender de ningún libro o persona. Su verdad viene a mi vida en mi espíritu. ¡Y mi corazón salta dentro de mí!

Claro, que aun no llego a la meta, aun me falta. Este tipo de experiencia ocasional todavía no ha llegado a ser un estilo de vida para mí. Así que, le he estado preguntando al Señor, ¿es posible la vida totalmente dependiente? ¿O es simplemente un pensamiento que deseamos? ¿Estoy soñando con algo que es imposible de cumplir?"

Creo que la mayoría de nosotros vivimos por debajo de los privilegios que tenemos como hijos de Dios. Por ejemplo, leo acerca de Elías que estaba de pie ante el Señor oyendo su voz. Leo acerca de Jeremías de pie en la presencia de Dios, oyendo su consejo. Él clama, "¿Quién estuvo en el secreto de Jehová, y vio, y oyó Su palabra? ¿Quién estuvo atento a Su palabra, y la oyó?" (Jeremías 23:18). Leo acerca de un lamento similar de Isaías: “Entonces tus oídos oirán a tus espaldas palabra que diga: Este es el camino, andad por él; y no echéis a la mano derecha, ni tampoco torzáis a la mano izquierda" (Isaías 30:21).

¿Por qué Dios no hablaría en nuestra generación, cuándo hay tanto miedo e incertidumbre? El mundo está en confusión, buscando respuestas. ¿Por qué el Señor estaría callado ahora, cuándo necesitamos oír su voz más que nunca?