martes, 21 de julio de 2015

APRENDIENDO A CAMINAR COMO EL CAMINÓ

Jesús vivió su vida sobre la Tierra dependiendo completamente del Padre Celestial. Nuestro Salvador no hizo ni dijo nada hasta consultar primero con Su Padre en la gloria. Y no realizó ningún milagro, excepto aquéllos que el Padre le dijo que hiciera. Él declaró: "Según me enseñó el Padre, así hablo... no me ha dejado solo el Padre, porque yo hago siempre lo que le agrada" (Juan 8:28-29).

Cristo lo pone muy en claro: Él fue guiado diariamente por Su Padre. Su práctica de total dependencia, siempre escuchando la voz de Su Padre, era parte de Su caminar diario. Vemos esto en una escena del Evangelio de Juan. Un día de reposo, Jesús estaba paseando cerca del estanque de Betesda, cuando vio a un hombre lisiado sobre un lecho. Cristo se volvió al hombre y le ordenó que recogiera su cama y caminara. Inmediatamente, el hombre fue sanado y se fue sano.

Los líderes judíos se enfurecieron por esto. En sus mentes, Jesús había quebrantado el día de reposo al sanar al hombre. Pero Cristo contestó: "Yo sólo hice lo que mi Padre me dijo que hiciera". Él explicó: "Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo… No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente. Porque el Padre ama al Hijo, y le muestra todas las cosas que él hace" (Juan 5:17-20).

Jesús dejó muy en claro: "Mi Padre me ha enseñado todo lo que debo hacer". Puedes preguntarte: “¿cuándo, exactamente, Dios el Padre le mostró a Cristo qué hacer? ¿Cuándo vio Jesús a Dios obrando milagros? ¿Cuándo le habló el Padre sobre todo lo que Él diría y haría?”

¿Todo esto pasó en la gloria, antes de que Cristo llegara a encarnarse? ¿Los dos se sentaron juntos antes de la creación y planificaron cada día de la vida de Jesús? ¿El Padre le decía a Su Hijo: "El segundo día de reposo del sexto mes judío, estarás caminando por el estanque de Betesda, encontrarás a un hombre lisiado allí y le mandarás a que se levante y ande"?

Si esto fuera así, ninguno de nosotros podría relacionarse con ello. Tal arreglo no tendría relevancia con nuestro caminar diario con el Señor. Sin embargo, sabemos que Jesús vino a poner un modelo para que nosotros sigamos. Después de todo, Él vino a la Tierra para experimentar todo lo que nosotros experimentamos, para sentir todos nuestros sentimientos y para ser tocado con nuestro dolor y enfermedades. A cambio de ello, nosotros debemos vivir como Él vivió, y caminar como Él caminó.