lunes, 13 de abril de 2015

SOMOS SUYOS by Gary Wilkerson

Juan y su hermano Santiago eran discípulos de Juan el Bautista, el ferviente profeta conocido en toda la nación. Ellos trabajaban el negocio de pesca de su padre; de esta manera estos recios y duros hermanos recibieron el sobrenombre de "hijos del trueno". En otras palabras, casi nada los hacía rendirse.

He conocido a algunos "hijos del trueno" en mi vida. El maravilloso ministerio Victory Outreach alcanza a muchas personas de difícil trasfondo, santos que podrían seguir viéndose duros por fuera, después de haber venido a Cristo. Algunos de ellos, pareciera que han pasado de una vida de pandillas a ser parte de la pandilla de Dios, temerarios, hablan todo lo que pasa por su mente, predican con osadía.

Así eran Santiago y Juan. Inclusive después de haber seguido a Jesús por un tiempo, ellos quisieron que descienda fuego del cielo para que destruyera a los que rechazaron el Evangelio. Décadas más tarde, al escribir su relato del Evangelio, Juan habla de una transformación que sucedió en su interior. Ahora, él se veía a sí mismo como "el discípulo amado", ya no más el tipo duro. Él les decía a los griegos que Jesús no era sólo verdad para un conocimiento mental sino que era verdad para una transformación del corazón.

¿Te encuentras llenando tu cabeza de conocimiento acerca de Jesús, mientras sientes que no hay cambios en tu corazón? ¿Estás molesto porque tu vida no es diferente por la obra del Espíritu en ti, a medida que pasan los días? Jesús ha venido para transformarte por Su presencia. En dicho sentido, la verdadera Palabra no es sólo información, sino que es el Dios viviente que mora en ti.

Jesús, es también, la luz verdadera que ilumina, revelando toda la verdad. Carter Conlon, pastor de la Iglesia "Times Square", habla sobre un encuentro que tuvo en una conferencia en la predicó apasionadamente sobre la santidad de Dios. Después de su sermón, él se sentó junto a un hombre que le dijo: "Yo no estoy de acuerdo con nada de lo que predicaste". Cuando Carter le preguntó el porqué, el hombre dijo: "Mi Dios nunca me levantaría la voz". Intrigado, Carter le mencionó el pasaje en donde Jesús llevó un azote al templo santo para echar fuera a los cambistas. El hombre respondió: "Sí, Él lo hizo, pero Jesús ya no es así hoy". Carter pensó por un momento, luego le preguntó al hombre: "Dime amigo, ¿tu padre te gritaba cuando eras niño?" En ese momento, el hombre se quebrantó. "Mi padre me gritaba todo el tiempo", dijo entre lágrimas. Carter le ministró gracia y verdad a este hombre y terminó diciéndole con gentileza: "No existe tal cosa como «Mi Dios». Sólo hay un Dios y Él no puede ser tuyo ni mío. Nosotros somos suyos".