miércoles, 29 de abril de 2015

EL COMIENZO DEL AVIVAMIENTO

El comienzo de un verdadero avivamiento viene cuando en grupo de creyentes piadosos toma la carga del Señor por una iglesia o por una ciudad atrapada en pecado. Este grupo piadoso ayuna y ora, rogándole a Dios que comience la edificación de los muros y las puertas que protegerán a Su pueblo de todo enemigo.

Cuando los muros de Jerusalén fueron edificados y las puertas colocadas, se designaron porteros y atalayas para cada casa. Los muros y las puertas no servían de nada sin porteros que supieran qué es lo que podía y qué es lo que no podía ingresar. Es por ello que Nehemías dice: "Luego que el muro fue edificado, y colocadas las puertas, y fueron señalados porteros y cantores y levitas" (Nehemías 7:1).

Nota que estos porteros no eran necesariamente sacerdotes. Ellos eran laicos, músicos, vigilantes, gente de todo ritmo de vida. Y se les instruyó: "No se abran las puertas de Jerusalén hasta que caliente el sol; y aunque haya gente allí, cerrad las puertas y atrancadlas" (versículo 3). Lo que Dios le estaba diciendo a Su pueblo, era esto: "Mi casa será un lugar de luz, la oscuridad no será permitida. Que todos y todo lo ingrese sea un libro abierto, sujeto a la luz de Mi Palabra".

Le digo a todo anciano que está leyendo este mensaje, incluyendo a los ancianos en la iglesia "Times Square": Nunca dejes que tus lazos cercanos con algún ministro, te vuelvan ciego a la Palabra de Dios. Tú has sido señalado por Dios para ser un portero a las puertas de Su casa. Y si alguien trae un evangelio a tu iglesia, que no es según la Escritura, es tu tarea decirle amorosamente a tal predicador, que está equivocado.

Como porteros, debemos cuidar las puertas de la casa de Dios en humildad, a través del ayuno, la oración y una preocupación en amor expresada a través del temor de Dios.

Nehemías dijo: "Y señalé guardas de los moradores de Jerusalén, cada cual en su turno, y cada uno delante de su casa" (Nehemías 7:3). De acuerdo a Nehemías, los guardas no sólo eran ubicados en las puertas de la ciudad santa, sino también en cada hogar. En resumen, las cabezas de cada casa, esto es, los padres, eran responsables de todo lo que entrara en su hogar.