domingo, 29 de marzo de 2009

MANIPULADORES DE SERPIENTES

Usted no puede trabajar efectivamente para Cristo a no ser que esté dispuesto a enfrentar los riesgos que esto envuelve. Jesús nos advirtió acerca de los riesgos de encontrarnos con serpientes.

Yo digo esto de manera suave, pero la Biblia dice que los impíos son como serpientes venenosas, y debemos ser personas dispuestas a manipular serpientes. Yo creo que es significante que la Biblia llama a Satanás “la serpiente antigua” (Apocalipsis 12:9). Y Cristo prometió, “Tomarán en las manos serpientes…” (Marcos 16:18).

Jesús dijo, “Vé por los caminos y por los vallados, y fuérzalos a entrar” (Lucas 14:23). Pero en Eclesiastés se nos advierte: “Al que aportillare el vallado, le morderá la serpiente” (10:8). Los vallados están llenos de serpientes, pero como pescadores de hombres, se nos dice: “¿O si [te pide] pescado, en lugar de pescado, le dará una serpiente? (Lucas 11:11).

A los ganadores de almas se les promete “…y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño…” (Marcos 16:18). Esto se refiere a que si un misionero u otro creyente accidentalmente beben veneno, pero hay algo más grande escondido en las Escrituras. De igual manera que nosotros como Cristianos bebemos de la sangre de Cristo – el río de vida, de su divino amor y belleza – nosotros inconscientemente también bebemos del veneno de este mundo cuando vamos a predicar el evangelio.

Nosotros absorbemos tanto del espíritu de este mundo, tomamos tantas cosas mortíferas en nuestra vida espiritual, que a no ser que recibamos la protección del Espíritu Santo, yo no veo cómo puede un obrero Cristiano ir a donde están los pecadores. Usted no puede evitar beber en su espíritu algunas de esas cosas que ni podemos mencionar. Pero si usted bebe cualquier cosa mortífera mientras usted está yendo en busca de serpientes en el poder de Cristo, el veneno no le hará daño. Cuando el Señor comenzó a mostrarme esta verdad, yo volvía a mi casa y oraba, y podía sentir el aliento del Espíritu Santo derramándose por todo mi ser. El veneno se salía afuera y yo podía pararme limpiado y puro – sin daño.