jueves, 18 de mayo de 2017

SERMONES ILUSTRADOS

El mundo necesita sermones ilustrados, poderosos ejemplos personales, del amor de Dios.
En Juan 17:21, Jesús oró: “Para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste” (énfasis añadido).
Piénsalo: Incluso en Sus últimas horas, Jesús todavía anhelaba la humanidad perdida. Y Él estaba dando a Su iglesia instrucciones específicas sobre cómo ganar a esas multitudes perdidas. Considera Sus palabras finales sobre el tema: “¡Sean uno! Pongan a un lado todas las contiendas y divisiones, para que el mundo crea en Mí”.
Tú puedes pensar: “Eso suena tan simplista. ¿Es así como la iglesia va a llegar a los corazones endurecidos? ¿Simplemente el amor mutuo realmente proporciona poder sobrenatural para combatir el odio?”
La respuesta es sí, sí y sí; ¡absolutamente! Según Jesús, el amor poderoso de Dios es revelado más claramente al mundo por el amor incondicional entre Su pueblo.
En este momento, una de las principales estrategias de Satanás contra la iglesia es plantar divisiones y luchas. Por todas partes que miro en el Cuerpo de Cristo por todo el mundo, estoy convencido de que hordas de demonios han sido enviadas dentro de las paredes de la iglesia. Y su objetivo es destruir el amor de los cristianos unos por otros.
La estrategia del diablo es sutil: Él enfrenta raza contra raza y ricos contra pobres en el Cuerpo de Cristo. La lucha racial, específicamente, se está alimentando en todo el mundo a través de la televisión y otros medios de comunicación. No he visto tal odio racial vomitado en años y ahora se infiltra en los muros de la casa de Dios.
Doy gracias a Dios que la iglesia “Times Square” se levantó sin líneas de color y sin distinción alguna entre ricos y pobres. Todos los que vienen a través de nuestras puertas son tratados con el mismo respeto y amor acogedor. Hemos disfrutado de la bendición de Dios por muchos años y creo que esto es en parte porque hemos obedecido el mandamiento de Cristo de amarnos unos a otros como Él nos ha amado.