miércoles, 22 de febrero de 2017

SIN TIEMPO PARA ORAR - ¿DE VERDAD?

En la iglesia del primer siglo en Jerusalén, las viudas griegas estaban siendo descuidadas en la distribución diaria de alimentos. La gente buscó la ayuda de los líderes de la iglesia, pero éstos no sentían que era lo correcto renunciar a su tiempo de oración y al estudio de la Palabra de Dios para supervisar esta tarea administrativa.
Los apóstoles convocaron al cuerpo de la iglesia y dijeron: “No es justo que nosotros dejemos la palabra de Dios, para servir a las mesas” (Hechos 6:2). Como resultado, se escogieron siete hombres de “buen testimonio” para manejar todos los asuntos de la iglesia. Mientras tanto, los apóstoles se comprometieron diciendo: “Nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la palabra” (6:4). Este arreglo dio lugar a que la palabra de Dios creciera y el número de discípulos se multiplicara (6:7).
Muy pocos pastores hoy en día hacen este tipo de sacrificio. Una vez un ministro me miró a los ojos y me dijo: “Hay tantas demandas de mi tiempo que simplemente no tengo tiempo para orar”. Otro pastor me confesó: “No he orado en meses. Medito y tengo un breve tiempo de devoción de vez en cuando, pero no logro tener la disciplina de la oración”.
No voy a condenar a ningún ministro diligente y devoto de Dios, pero el hecho es que, cada siervo se mantiene en pie o cae para su propio amo. Muchos predicadores de hoy no están conscientes de que se han convertido en víctimas de una conspiración de interrupciones satánica. Algunos de ellos andan constantemente corriendo, enredados en una avalancha de deberes y detalles.
Doy gracias a Dios que nunca estamos a merced de Satanás ni de ninguna de sus maquinaciones. Podemos exponer sus tácticas, hablar la palabra de verdad, y en el nombre de Cristo detener cada interrupción. Por el poder del Espíritu Santo dentro de nosotros, podemos despejar nuestro camino hacia las puertas del Señor y venir confiadamente a su trono de gracia para recibir ayuda en nuestro tiempo de necesidad. ¡Esto es lo que el Señor quiere para cada uno de nosotros!