martes, 7 de febrero de 2017

SERVICIO VERDADERO

Hoy en día la gente quiere ser todo menos un siervo. De hecho, su orgullo rechaza la idea de servidumbre. Una Escritura conocida es: “Así que ya no eres esclavo [siervo], sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo” (Gálatas 4:7).
¿Qué está diciendo Pablo aquí? Está explicando que un hijo que ha sido enseñado correctamente sabe que es legalmente el heredero del rey con todos los derechos que acompañan a la posición. Pero ama tanto a su padre que elige el papel de un siervo.
Pablo dijo en Romanos 1:1 que era “siervo de Jesucristo” y Santiago se llamaba a sí mismo “siervo de Dios” (Santiago 1:1). Y Cristo, el mismísimo Hijo de Dios “se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo” (Filipenses 2:7).
Un siervo no tiene voluntad propia; la palabra de su amo es su voluntad. La cruz representa la muerte de todos mis planes, ideas, deseos, esperanzas y sueños. Y sobre todo, es la muerte absoluta de mi propia voluntad.
Jesús le dijo a sus discípulos: “Mi comida [lo que me llena en la vida] es que haga la voluntad del que me envió” (Juan 4:34). En otras palabras: “espero a oír toda dirección de mi Padre”.
Juan escribió: “Como él es, así somos nosotros en este mundo” (1 Juan 4:17). Todo cristiano verdadero debe estar dispuesto a decir: “Realmente quiero hacer su voluntad”. Pero podemos perderla de vista si ponemos nuestros corazones en algo que queremos, algo que puede verse bien y parecer lógico, pero no es la voluntad de Dios. Una de las mayores trampas en las que caen los cristianos es perseguir una buena idea que no proviene de Dios.
¿Puede tu deseo sobrevivir a la cruz? ¿Puedes alejarte de tu sueño, morir a él? Dios sabe lo que es mejor para ti, así que clama a Él: “Padre, si esto no es tu voluntad, podría destruirme. Te entrego todo a ti, haz las cosas a tu manera, Señor”.