martes, 13 de diciembre de 2016

UN PRISIONERO DE CRISTO

Pablo escribió muchas de sus epístolas a las iglesias, mientras estaba encerrado en una pequeña celda - atado, despreciado, desconectado de los creyentes y aparentemente de todo su ministerio. Estamos hablando de condiciones dolorosas. Sin embargo, Pablo nunca habló de ser un prisionero de sus circunstancias; en lugar de eso, se llamó a sí mismo un "prisionero de Cristo" (Ver Efesios 3:1).
En su Epístola a los Colosenses, Pablo expresó su deseo para con todos los santos que sufren: "Que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual, para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios; fortalecidos con todo poder, conforme a la potencia de su gloria, para toda paciencia y longanimidad; "(Colosenses 1:9-11).
Sorprendentemente, las palabras de esperanza y exhortación de Pablo eran producto de su largo encarcelamiento, probablemente en Cesarea. Cuando Pablo escribió estas palabras no tenía esperanza de ser liberado. Por lo que él sabía, iba a estar allí por años, posiblemente por el resto de sus días. Está claro que él estaba en paz con sus dolorosas circunstancias.
En ninguna parte de esta epístola hallamos a Pablo cuestionando al Señor. El apóstol había entrado en una plena comprensión espiritual de la voluntad de Dios y aceptaba sus circunstancias como la voluntad del Señor para su vida en ese momento. Por lo tanto, Pablo escribió de modo triunfal a los Colosenses: "Oh, que ustedes también entraran en esta comprensión espiritual plena de la voluntad de Dios para sus vidas".
¿Se lo imaginan? Aquí estaba Pablo en total cautiverio, carente de libertades de cualquier tipo. Sin embargo, hablaba de “andar como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios”.