viernes, 16 de diciembre de 2016

LA GLORIA DE CRISTO

En las últimas semanas he buscado al Señor para que me dé una palabra que brinde paz en medio de todas las desconcertantes malas noticias.
Oí al Espíritu Santo susurrar: "David, contempla la gloria de Cristo. Eso es lo que te mantendrá anclado en paz".
"Gracias Señor", oré. "Pero, ¿Que significa realmente la gloria de Cristo?"
Para mí, su gloria se resume en algo que necesito y comprendo: misericordia. Esto es algo más que la bondad de Cristo. Es su misericordia, y luego su amorosa misericordia.
Puede que este sea sólo uno de los aspectos de su gloria, pero es cómo necesitamos ver a Cristo: la semejanza exacta del Padre celestial, cuidadoso, amoroso, cariñoso y amable para con sus hijos.
Pablo contemplaba la gloria de Cristo cada mañana. Este siervo de Dios tan afligido despertaba muchas veces con grandes problemas. Hubo innumerables ocasiones en las que se sentía derribado y perplejo. Pero Pablo alentaba su alma a mirar hacia arriba para poder contemplar la gloria de Cristo, es decir, la misericordia y la bondad de la persona de Cristo. A medida que Pablo hacía esto, el Espíritu Santo le renovaba sus fuerzas para enfrentar cada día.
Jeremías escribió esta profecía: "Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Jehová" (Jeremías 9:24).
Ten en cuenta el primer elemento de la lista de cosas en las que se complace Dios: misericordia. Su mensaje a nosotros es claro: Estamos llamados a gloriarnos en su misericordia.
David testificó en los Salmos: "Todas tus ondas y tus olas han pasado sobre mí. Pero de día mandará Jehová su misericordia, y de noche su cántico estará conmigo, y mi oración al Dios de mi vida" (Salmo 42:7-8, cursivas añadidas).