¡PAZ, PAZ!

“Produciré fruto de labios: Paz, paz” (Isaías 57:19). Esta es una de las promesas más alentadoras en la Palabra de Dios. El Señor dice que va a echar fuera de nosotros el espíritu de temor e implantará su espíritu sobrenatural de paz. Isaías repite aquí la palabra "paz" para hacer hincapié de que se trata de una paz continua.

El Espíritu Santo promete: "Voy a crear paz en ti". Una vez que experimentamos esta paz, se convertirá en una palabra creativa que fluya de nuestros labios hacia los demás.

Llega un momento en nuestras vidas cuando quedamos totalmente agotados por todos los problemas que se arremolinan alrededor nuestro, problemas personales que pueden implicar familia, amigos, nuestro trabajo o nuestras finanzas. Llegamos a quedar exhaustos de tanta "mala noticia" desgarradora que viene, crisis que parecen estar fuera de control.

Entonces, ¿Cómo apropiarse de esta creación milagrosa y omnipotente de paz?

En primer lugar, debemos reconocer que todos nuestros temores son causados por la incredulidad, porque no hemos confiado plenamente en el poder del Espíritu Santo que vive en nosotros.

El Espíritu de Dios es la plenitud absoluta del amor divino que cuida de cada aspecto, como una madre; su poder es mayor que todos los principados del infierno y conoce todas las cosas. Sin embargo, a pesar de que sabemos esto, a menudo nos sentamos en la presencia del Espíritu murmurando y quejándonos, pensando en la forma en que lo hacen los niños abandonados.

Déjame decirte que ningún creyente puede ser curado del espíritu de temor, o encontrar paz, hasta que él o ella entreguen todas las cosas en las manos amorosas del espíritu. Debemos renunciar a todo entregándolo a su voluntad, confiando en que "Aquel que vive en mí es mayor que el que está en el mundo" (1 Juan 4:4).