sábado, 21 de marzo de 2015

EL DOLOR DE LA HIPOCRESÍA by Nicky Cruz

Nunca voy a entender cómo es que algunas personas pueden decir que Jesús es su Salvador y aun así vivir como si nunca hubiesen experimentado Su gracia salvadora. Cómo pueden pedirle a Dios que los redima mientras viven vidas sin arrepentimiento ni remordimientos. Cómo pueden hablar como si conocieran a Cristo cuando sus acciones muestran claramente que no saben nada acerca de Él.

Este tipo de personas le hacen más daño al reino, que todo lo que Satanás podría aspirar a lograr jamás. Ellos son grandes aliados del enemigo en un mundo que ya busca la manera de subestimar las declaraciones de Cristo. Pablo nos dice: “No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente” (Romanos 12:2). Durante demasiado tiempo, los cristianos se han amoldado a las costumbres del mundo. Hemos permitido que el mundo no sólo nos afecte, sino que nos infecte por completo. Que tome el control de nuestros corazones y mentes, y nos mantenga atados al pecado, incluso a pesar de que nos convencemos a nosotros mismos de que somos libres.

Pero Jesús promete transformar nuestros corazones y mentes, renovarnos y cambiar nuestra forma de pensar, de vivir y de actuar. Si no le hemos permitido que haga eso, no lo hemos aceptado realmente.

“Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio”, escribió David, “y renueva un espíritu recto dentro de mí.” (Salmo 51:10). Estas palabras deberían representar el deseo de todo seguidor de Cristo. Debería ser nuestra oración diaria. Pedirle a Dios un nuevo corazón y una nueva mente, suplicar una vida pura, luchar momento a momento por vivir con mayor misericordia y gracia e inocencia, para llegar a ser más como Jesús cada día que pasa.

Cuando el mundo nos mira, lo que ve definirá su perspectiva de Dios. Definirá la manera en que perciben a nuestro Padre celestial, lo que piensan de Él, y cómo llegan a comprender Su bondad y gracia. Somos embajadores del reino de Dios en un mundo perdido y caído. Y nuestras acciones, tanto buenas como malas, reflejarán directamente a Dios.

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Nicky Cruz, evangelista internacionalmente conocido y prolífico autor, se volvió a Jesucristo de una vida de violencia y crimen después de encontrarse con David Wilkerson en la ciudad de Nueva York en 1958 La historia de su dramática conversión fue contada por primera vez en el libro “La Cruz y el Puñal” escrito por David Wilkerson y más tarde en su propio best seller “Corre, Nicky, Corre”.