martes, 3 de marzo de 2015

CON UN CORAZÓN PERFECTO

¡Es posible andar delante del Señor con un corazón perfecto! Dios le dijo a Abraham: “Yo soy el Dios Todopoderoso; anda delante de mí y sé perfecto” (Génesis 17:1).

También, Dios les dijo a los hijos de Israel: “Perfecto serás delante de Jehová tu Dios” (Deuteronomio 18:13). David tuvo la determinación en su corazón de obedecer este mandamiento. Él dijo: “Entenderé el camino de la perfección…En la integridad de mi corazón andaré en medio de mi casa” (Salmos 101:2).

La escritura también señala que Salomón quedó corto del mandato de Dios de ser perfecto: “Su corazón no era perfecto con Jehová su Dios, como el corazón de su padre David…y no siguió cumplidamente a Jehová como David su padre” (1 Reyes 11:4-6).

Vemos también, el mandamiento del Señor de ser perfectos en el Nuevo Testamento. Jesús dijo: “Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto” (Mateo 5:48).

Pablo escribió: “a fin de presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre” (Colosenses 1:28). Y en la misma carta: “para que estéis firmes, perfectos y completos en todo lo que Dios quiere” (4:12).

Y Pedro dijo: “Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca” (1 Pedro 5:10).

La perfección no quiere decir que el corazón no tenga pecado o falta. El hombre juzga según las apariencias externas, según lo que ve. Pero Dios juzga el corazón, los motivos que no se ven (1 Samuel 16:7). Se decía que David tuvo un corazón perfecto para con Dios “todos los días de su vida”, sin embargo, él le fallaba a menudo al Señor. Su vida fue marcada para siempre por el adulterio y un homicidio notorio.

La definición básica de “perfecto” es: completo, maduro. En el hebreo y griego, la definición incluye: rectitud, sin mancha, sin tacha, totalmente obediente. Significa terminar lo que se comenzó; una obra completa. Wesley lo llamó: “obediencia constante”. Un corazón perfecto es un corazón sensible. Rápida y totalmente responde al amor, los susurros y las advertencias del Señor. Este corazón dice todo el tiempo: “Habla, Señor, porque tu siervo oye. Muéstrame el camino y yo caminaré en él”.