martes, 19 de noviembre de 2013

ENTREGADO A LA MUERTE

El apóstol Pablo escribe: “Porque nosotros que vivimos, siempre estamos entregados a muerte por causa de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal.” (2 Corintios 4:11)

Cuando Pablo dice: “nosotros que vivimos”, está haciendo eco de las palabras de Jesús en Apocalipsis 1:18 (NTV): “Yo soy el que vive”. Pablo está hablando aquí de cristianos, aquellos que confían en Cristo y tienen Su vida habitando en ellos. Sin embargo, Pablo está diciéndonos en efecto que también hemos sido entregados a la muerte.

Así es, tal como el Padre entregó a su Hijo a la muerte, de igual manera Él entrega a todos los que están en Cristo. Dios guía a cada uno de nosotros de la mano a las mismas puertas de la muerte y dice: “Aquí, muerte, toma a éste también. ¡Haz lo que tengas que hacer con él!” Y en ese momento, la mano de Dios no nos protege, más bien, nos guía a las mismas fauces de la muerte.

Te preguntarás por qué Dios haría esto. Él lo hace por la misma razón que Él entregó su hijo a la muerte. Él sabe que la muerte, el dolor y la tristeza no nos pueden envolver por completo ni destruir, ¡Porque tenemos dentro de nosotros la vida de Cristo mismo!

Dios sabe que no hay riesgo para nosotros, como tampoco lo había para Jesús. Y Él tiene un plan de victoria para nosotros, como también lo tuvo para su propio Hijo. Sin embargo, esta victoria sólo puede lograrse en nosotros a través de la muerte.

Pablo nos advierte: “Si tienes la vida resucitada de Cristo en ti, Dios te va a lanzar a la muerte ¡todos los días de tu vida!

El apóstol añade: “Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; somos contados como ovejas de matadero.” (Romanos 8:36). El significado griego aquí es: “Todos los días somos entregados a la muerte.” En resumen, Pablo está diciendo: “Todos los días confronto una nueva situación de muerte.”

Quisiera que entendieras que Pablo no se está refiriendo a la muerte física aquí, sino que a un tipo de muerte que nos sucede diariamente en nuestro caminar con Cristo. Cuando él testifica: “…cada día muero.” (1 Corintios 15:31), se está refiriendo a tribulación, aflicción, persecución, peligro y problemas de todo tipo.

En esencia, Pablo está diciendo: “Nosotros que tenemos la vida de Cristo en nosotros somos entregados constantemente a una situación de muerte tras otra. Todos los días, alguna nueva prueba nos golpea. ¡Pero tenemos la vida del Hijo de Dios dentro de nosotros!