miércoles, 20 de noviembre de 2013

ENTREGADO A LA MUERTE DIARIAMENTE

El piadoso apóstol Pablo estaba lleno del Espíritu Santo y de revelación, oraba fervientemente y caminaba diariamente en comunión íntima con Jesús. Sin embargo, admitió que era continuamente abofeteado, difamado, despreciado y agraviado. Lo calumniaban, atacaban su persona, y su nombre era reprobado.

Pablo sufrió tanto y tan a menudo, que hasta sus hijos espirituales se preguntaban por qué enfrentaba constantemente problemas y persecución. Cada vez que lo veían, su cara estaba amoratada, sus huesos estaban rotos, o su cuerpo estaba cubierto de marcas. Por supuesto, que esto hería a Pablo profundamente. Aquí estaba un poderoso y sincero predicador de la gracia y liberación de Dios, y dondequiera que iba era insultado y difamado.

El apóstol dijo que le quedaba un sólo amigo, Onesíforo, quien “no se avergonzó de [sus] cadenas” (2 Timoteo 1:16). Pablo dijo de su amigo: “Este hombre no se avergüenza de mi encarcelamiento. ¡Él sabe bien que en mi vida no hay pecado escondido!”

Pablo también había sido alentado por un grupo de creyentes cuando dijo: “Porque de mis prisiones también os resentisteis conmigo” (Hebreos 10:34 RVA). Él estaba diciendo: “Esta gente siente lo que yo estoy sintiendo.” Ellos no abandonaron a Pablo en sus pruebas porque ellos mismos “con vituperios y tribulaciones [fueron] hechos espectáculo; y por otra, [llegaron] a ser compañeros de los que estaban en una situación semejante.” (Versículo 33). Estos creyentes se habían convertido en “compañeros de aflicción” para el apóstol, porque lo mismo que le estaba pasando a Pablo ¡le había pasado a ellos!

Conozco un ministro sumamente espiritual quien por años sufrió embates satánicos y persecución de otros creyentes. Cada vez que lo veía, me pedía la oración por sus problemas. Yo acedía gustosamente, pero al pasar el tiempo, ya que sus pruebas persistían, comencé a molestarme. Finalmente, le pregunté sin rodeos: “No entiendo por qué siempre eres atormentado. Eres uno de los pastores más consagrados que conozco, tienes intimidad con el Señor, siempre en oración y estudiando su palabra continuamente. ¿Por qué el Señor permitiría que enfrentes constantes problemas?”

Pero ahora entiendo que este hombre consagrado fue entregado a situaciones de muerte diariamente porque estaba lleno de la vida de resurrección. Dios quería usarlo de forma poderosa, así que lo entregaba a la muerte en cada área de su vida. Dios quería que no quedara nada que impidiera la bella manifestación de Cristo en él.

¡Satanás estaba decidido a destruir el testimonio de Pablo porque sabía que una gran manifestación de Cristo estaba a punto de brillar en su vida!