miércoles, 13 de julio de 2011

USTED NO ESTA SOLO EN LA BATALLA

Numerosos cristianos, incluyendo pastores, me han dicho que son continuamente acosados por los pecados cometidos en el pasado. Ellos me expresan: "Hermano David, si supiera lo que yo hice y cómo pequé, entendería por qué me siento tan acongojado. Mi pecado todavía se cierne sobre mi cabeza y constantemente combato contra esta culpa. Creo que el Señor me ha perdonado, que su sangre es suficiente para cubrir mi maldad, pero no tengo la paz que proviene de este conocimiento."

Otros me dicen: "Creo que he sido perdonado, pero mi mente está continuamente bombardeada con pensamientos horribles. Puede ocurrir en cualquier lugar, incluso en la iglesia y eso me hace sentir muy sucio. Se me hace difícil creer que soy puro delante de Dios." Estos creyentes olvidan que también Satanás tentó a Jesús con pensamientos malos, horribles, durante su prueba en el desierto. Hoy en día, el diablo envía zorras pequeñas a su vida para que usted piense que está sin esperanza, que Dios está enojado con usted. Satanás inyecta pensamientos en su mente con la intención de destruir su fe en el poder de la sangre de Cristo sobre su vida.

Querido santo, no debe escuchar tales invasiones a su mente. Usted tiene que cortarlas gritando, "Espíritu Santo, sé que estás a mi lado. ¡Ayúdame!"

Todos los que toman la cruz y pelean la buena batalla de la fe están en una lucha constante. Todos nos enfrentamos a malos pensamientos, pensamientos que vienen debido a nuestro pasado, o por un sentimiento de rechazo, o simplemente porque vivimos en tiempos malos y sensuales. Sin embargo, cuando aplicamos la sangre de Cristo a estas raíces de duda, su sangre llega a cada célula de nuestro ser, incluyendo nuestra mente. De esta manea su sangre nos limpia a fondo y produce en nosotros libertad y alegría verdadera.

Usted no está solo en su contienda. Él le ha enviado al Espíritu Santo que sabe cómo tratar con el enemigo y librarlo de toda esclavitud. Él es la voz apacible y delicada que le guiará y le dará poder a través de todas sus batallas.

Ore conmigo: "Espíritu Santo, quiero crecer en ser espiritualmente fructífero. Anhelo ser librado de toda hipocresía. Deseo poseer amabilidad, paciencia y amor. Sé que a pesar de no poseer estas características todavía me amas. Permanece conmigo y ayúdame, Amén".