domingo, 17 de julio de 2011

EL PODER DE SU RESURRECCIÓN

"A fin de conocer a Cristo y el poder de su resurrección, y de participar de sus padecimientos, para llegar a ser semejante a él en su muerte, si es que de alguna manera llego a la resurrección de entre los muertos." (Filipenses 3:10-11).

Lo que voy a decir puede resultar una sorpresa para usted: la resurrección de Jesucristo se trata tolamente de poder. Pero no me refiero sólo al poder divino que resucitó a Jesús de entre los muertos. Por supuesto, este tipo de poder es absolutamente milagroso y sólo emana de Dios mismo. Además de este evento sobrenatural, la resurrección de Cristo nos habla de otro poder que también proviene solamente de Dios. Estoy hablando del poder que nos lleva a vivir una vida santa... a ser libres del dominio del pecado para vencer todos los hábitos y lujuria conocidos por el hombre ... a caminar por fe en la justicia que proviene solamente de Dios. Para obtener este poder es necesario conocer a Cristo en el poder de su resurrección.

El apóstol Pablo habla de este tipo de poder de resurrección. El tenía un anhelo interno y profundo de conocer a Cristo, y aquella hambre vino de su propio y profundo clamor por santidad. El apóstol tuvo una revelación acerca de la resurrección de Cristo y esta revelación tuvo que ver con el poder.

Él escribió: "Cristo Jesús Señor nuestro... se hizo de la simiente de David según la carne, y declaró ser el Hijo de Dios con poder, según el espíritu de santidad, por la resurrección de los muertos" (Romanos 1: 3-4). Pablo vio algo increíble en la resurrección y del mismo modo que ésta le llenó de alegría, también la resurrección respondió al clamor por santidad que él demandó a lo largo de su vida. En pocas palabras, Pablo vio que Jesús había venido a la tierra como un hombre con el poder del cielo descansando sobre Él. Cristo había demostrado ese poder divino en la tierra: curando a los enfermos, liberando a los cautivos, resucitando a los muertos, dando vida eterna. Jesús mismo había resucitado de entre los muertos y su resurrección fue acompañada por un anuncio divino que Él era "el Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección de los muertos" (Romanos 1:4).