miércoles, 20 de julio de 2011

NUESTRO CONSEJERO DIGNO DE CONFIANZA

Yo no doy consejos financieros pero estoy en contacto con el número uno en el mundo, y sólo él es mi asesor de confianza. Para cada pregunta que tengo sobre cualquier asunto, mi asesor de confianza tiene la respuesta. Él ha estado con nuestro ministerio desde el principio. Cuando trasladamos nuestras oficinas a Nueva York, se mudó con nosotros. Y ha dirigido todas las transacciones de bienes raíces que hemos hecho aquí. Él nos ayudó a comprar el histórico Teatro Mark Hellinger de Broadway, donde la Iglesia Times Square tiene ahora sus servicios.

Sin embargo, no es sólo nuestro asesor financiero e inmobiliario, sino también es nuestro abogado, consejero familiar, orientador y guía de viajes. De hecho, nos guía en, literalmente, todo lo que hacemos y enfrentamos. La última vez que hablé con él, me aseguró que seguiría proporcionando orientación constante para nosotros a lo largo de los tiempos difíciles que vienen. Me dijo que no teníamos nada de qué preocuparnos.

Lo mejor de todo es que a mi asesor no le importa si lo llamo todos los días y en cualquier momento del día. Mi asesor me anima, "No tienes nada de qué preocuparte. He pasado por este tipo de cosas muchas veces antes". Es increíble ver a lo largo de la Biblia que una y otra vez, en todo tipo de crisis, Dios siempre ha estado íntimamente involucrado con su pueblo.

El Señor estaba involucrado con David, el salmista, cuando pasó por tiempos difíciles. David volvió a casa con su ejército en Siclag y encontró su ciudad reducida a cenizas por una banda de asaltantes (ver 1 Samuel 30). La casa de David había sido destruida y su familia cautiva, no quedaba nada. Todo aquello por lo que había trabajado, su ganado, sus muebles, sus pertenencias, se habían ido. David no tenía a nadie a quien recurrir en ese momento, sus propios soldados estaban listos para apedrearlo pues lo culpaban por llevarlos a la batalla dejando a sus seres queridos sin protección.

La Escritura dice que David se dirigió a su consejero (y el mío): "y David consultó al Señor. Le preguntó: «¿Debo perseguir a esa banda de malvados? ¿Podré darles alcance?» Y el Señor le dijo: «Ve tras ellos, porque les darás alcance y podrás liberar a los cautivos." (1 Samuel 30:8). David siguió el consejo de su asesor ¡y recuperó todo!