lunes, 20 de septiembre de 2010

¡CÓMO PONERSE DE PIÉ Y PELEAR!

A pesar de todo lo que se habla en la iglesia sobre la guerra espiritual, los Cristianos todavía no han aprendido a resistir al enemigo. ¡Somos presa fácil para el diablo!

Yo no creo que cada desgracia que le sucede a un Cristiano venga del diablo. Nosotros lo acusamos equivocadamente por muchos de nuestros descuidos, desobediencias y flojeras.

Es fácil culpar al diablo por nuestras insensateces. Así, no tenemos que corregirlas. ¡Pero hay también un verdadero diablo presente en el mundo hoy día – y él está ocupado trabajando!

Déjeme decirle algo de las estrategias de Satanás. ¡Si él no puede quitar al Altísimo de su trono, él tratará de rasgar la imagen de Dios en usted! El quiere transformar a los adoradores en murmuradores y blasfemos.

Satanás no puede atacarlo a usted a voluntad propia. Dios ha puesto un cerco de fuego alrededor de cada uno de sus hijos, y Satanás no puede atravesar ese cerco sin el permiso de Dios.

Satanás no puede leer la mente del Cristiano. ¡Algunas personas están temerosas de orar por que piensan que el diablo los está escuchando! Otros piensan que el diablo puede leer sus pensamientos. ¡No es así! Sólo Dios es omnipresente y omnisciente.

Las Escrituras nos ordenan a ponernos de pié, ser fuertes y batallar contra la carne y el diablo: “Velad, estad firmes en la fe; portaos varonilmente, y esforzaos” (1 Corintios 16:13). “Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el señor, y en el poder de su fuerza” (Efesios 6:10).

¡Usted tiene que llegar al punto en que se sienta harto de ser derrotado por el diablo – vivir sin ánimo, deprimido, sin gozo, vacío, molestado!

El libro de Jueces nos dice, “Los hijos de Israel hicieron lo malo ante los ojos de Jehová; y Jehová los entregó en mano de Madián por siete años. Y la mano de Madián prevaleció contra Israel” (Jueces 6:1-2).

Los Israelitas estaban en su punto más bajo. Fueron dispersados y vivían en cavernas oscuras y húmedas, hambrientos, con miedo e indefensos. Entonces algo sucedió. Comenzó con Gedeón, y se esparció por todo el campamento: ¡Israel se hartó de estar escondidos en esas cuevas oscuras!

Gedeón se dijo a sí mismo, “¿Cuánto tiempo vamos a seguir soportando esto? ¡Ellos vienen a nuestras tierras sin que haya oposición. Nadie se pone firme ni hace nada al respecto! Nos han dicho que tenemos un Dios que actuó por nuestros padres. Pero mírennos ahora – estamos despojados, indefensos. ¡Vivimos continuamente con miedo!”

Algo se levantó en el interior de Gedeón. Y él dijo lo que Dios estaba esperando escuchar: “¡Esto ya ha ido demasiado lejos! Nosotros servimos a un Dios poderoso, victorioso. ¿Por qué seguimos día tras día soportando este abuso?”

Dios no hará nada hasta que usted esté completamente harto – hasta que usted esté cansado de estar abatido y derrotado.

Usted tiene que hacer lo que hizo Gedeón – ¡clamar a Dios! Servimos al mismo Dios que Israel sirvió. Si él escuchó el clamor de ellos en medio de su idolatría, él lo escuchará a usted – cuando lo haga sinceramente.