miércoles, 24 de junio de 2009

¿ES USTED UNA PERSONA MISERICORDIOSA?

“Muchas son tus misericordias, oh Jehová” (Salmo 119:156). “Clemente y misericordioso es Jehová, lento para la ira, y grande en misericordia. Bueno es Jehová para con todos, y sus misericordias sobre todas sus obras” (145:8-9 énfasis mío).

Yo quiero preguntarle algo que me he estado preguntando últimamente: ¿Es usted una persona misericordiosa? La mayoría de nosotros contestaría, “Creo ser misericordioso. Al alcance de mis habilidades, yo simpatizo con aquellos que sufren. Yo siento el dolor de mis hermanos y hermanas en Cristo que están sufriendo, y trato de ayudarlos. Yo hago lo posible por ayudar a mis vecinos cuando lo necesitan. Y cuando las personas me hieren, yo los perdono y no les guardo rencor.” Yo creo que todos los verdaderos Cristianos tienen una buena medida de misericordia por los perdidos y por los que están en dolor. Yo agradezco a Dios por eso. Pero la triste verdad es que, la Palabra de Dios expone en muchos de nosotros raíces profundas de parcialidad y conceptos muy limitados de misericordia.

La mayoría de religiones que proclaman temer a Dios tienen un credo de doctrina que dice, “Las amorosas y tiernas misericordias de Dios se extienden para toda la humanidad.” Como seguidores de Jesús, nosotros hablamos mucho acerca de sus tiernas misericordias hacia todo el mundo. Pero esta es la verdad:

Hay muchas personas a los cuales un largo número de Cristianos los limitan de la misericordia de Dios. Me vienen a la mente las prostitutas que trabajan en lugares sin Dios. Pienso en personas en el África y otros continentes que están muriéndose con SIDA. Pienso en homosexuales que viven con corazones destrozados y en angustia mental, con problemas en sus vidas y emborrachándose hasta perder conciencia para cubrir su dolor. De lo que leo en las Escrituras, no puedo aceptar que mi Salvador rechazaría alguna vez el clamor desesperado de de una prostituta, un homosexual, un adicto a las drogas, o un alcohólico que ha llegado al fondo. Sus misericordias son ilimitadas: no tienen fin. Así que, como iglesia que somos de él – representante de Cristo en la tierra – no podemos rechazar a nadie que clama por misericordia y liberación.

Tal vez no nos demos cuenta de estas parcialidades hasta que súbitamente están delante de nuestro rostro, confrontándonos con la verdad acerca de nuestros corazones. Mientras usted considera esto en su propia vida, yo le pregunto nuevamente: ¿Es usted una persona misericordiosa, tierna y amorosa? Me imagino a muchos lectores diciendo, “Sí.” Pero pregunte a aquellos alrededor suyo – su familia, sus compañeros de trabajo, sus amigos y vecinos, sus amigos de otras razas – y vea cómo responden.