domingo, 7 de junio de 2009

DIOS LO BENDICE GRANDEMENTE

Cuando me senté a escribir este mensaje, el Espíritu Santo me dirigió a edificar y animar a todos los que lo leyeran. Yo ciertamente creo que la siguiente palabra es del Señor, y yo oro que usted sea edificado por ella en su fe. Esto es lo que yo creo que el Espíritu Santo me ha dirigido a compartir con usted:
1. La primera palabra es para aquellos que están cautivos de un pecado, lujuria o hábito que los asedia. Usted se ha sentido derrotado, pervertido, desesperado. Satanás le ha dicho que usted es malo y que Dios se está apartando de usted.
Yo le recuerdo de lo que Dios dijo a un grupo de Israelitas que estaban siendo llevados en cautiverio a Babilonia, como resultado de sus pecados pasados. Aún cuando estos Israelitas estaban siendo disciplinados por sus pecados, Dios los llamó “buen fruto.” Entonces él prometió, “Como a estos higos buenos, así miraré a los deportados de Judá, a los cuales eché…para su bien. Pondré mis ojos sobre ellos para bien…los edificaré y no los destruiré; los plantaré y no los arrancaré. Les daré un corazón para que me conozcan…y yo seré su Dios, porque se volverán a mí de todo corazón” (Jeremías 24:4-7).
Todo lo que usted necesita es una tristeza santa, un deseo de ser libre y un anhelo hacia él. Él no lo abandonará. Él lo cambiará a usted sobrenaturalmente y lo librará.
2. También yo tengo una palabra para aquellos que sienten haber perdido su dirección. Usted se siente confundido sobre muchos temas en su vida. No tiene a quién acudir, y algunas cosas parecen estar fuera de control. Usted se pregunta en lo profundo de su corazón, si usted está bajo alguna forma de disciplina o juicio de Dios.
Por favor reciba esta palabra del Espíritu Santo: “¡Conozco, Jehová, que el hombre no es señor de su camino, ni del hombre que camina es el ordenar sus pasos! ¡Castígame, Jehová, mas con juicio; no con furor, para que no me aniquiles!” (Jeremías 10:23-24).
El Señor no permitirá que usted sea abatido por la desesperación o la angustia. Él no permitirá que ninguna cosa en su vida lo guíe mal o lo confunda. Él hará lo que es mejor para usted, pero nunca con enojo. Dios no está enojado con usted. Él lo dirigirá, si usted le entrega su fe, aunque esta sea débil. Confíe en el amor de Dios.
Esta es la palabra que el Espíritu Santo me ha dirigido a enviarle a usted. Que usted sea animado y ayudado por ella.