sábado, 8 de abril de 2017

FUEGO CONSUMIDOR - Jim Cymbala

Jesús nunca bautizó a nadie en agua. ¿Por qué? Porque el bautismo que iba a administrar era el bautismo en Espíritu Santo y fuego (Ver Lucas 3:16). No hay que confundirse, pues estas palabras no estaban indicando dos bautismos, uno del Espíritu y otro de fuego. En lugar de eso, Lucas estaba usando una ilustración –el fuego como un símbolo que representaba al Espíritu- para describir un bautismo. Jesús bautiza en el fuego consumidor del Espíritu Santo.
Si enciendes un fósforo y haces arder un palo de leña, el fuego penetrará la madera. Eso es lo que hace el Espíritu Santo en nuestras vidas. Va más allá de las apariencias superficiales hasta la raíz de nuestro ser. El Espíritu no pone vendas sobre nada - Él va a la raíz de nuestros problemas para proporcionar ayuda. De la misma forma, la predicación que es ungida por el Espíritu Santo es una predicación ardiente. Eso no significa que golpee a la gente o la condene; más bien, significa que ese ministerio penetra el corazón, revela el pecado, y muestra vívidamente la necesidad de Jesucristo. Sin el fuego del Espíritu Santo, la predicación puede descender a mero entretenimiento o demostración de oratoria.
Cuando Pedro predicó el primer sermón de la era cristiana, esas palabras sin elocuencia pero ardientes, causaron profunda convicción y la respuesta a ellas fue: “¿Qué haremos?” (Hechos 2:37). Los recursos de enseñanza que ayudan a los predicadores a comunicarse son útiles, pero sin el fuego del Espíritu, los corazones nunca serán humillados y quebrantados ante el Señor.
En Jeremías, Dios preguntó: “¿No es mi palabra como fuego…?” (Jeremías 23:29, énfasis añadido). La Palabra predicada con el fuego del Espíritu atraviesa el desastre y trata en forma directa con la condición problemática de nuestros corazones. Muchas personas probablemente tienen poco interés en experimentar la ardiente palabra de Dios; prefieren servicios entretenidos y sermones que no son confrontacionales. Pero el fuego del Espíritu siempre va directo al grano y trata con los obstáculos que nos apartan de la bendición de Dios.
Jim Cymbala comenzó la iglesia Brooklyn Tabernacle con menos de veinte miembros en un pequeño y deteriorado edificio en una parte difícil de la ciudad. Nacido en Brooklyn, es un viejo amigo de David y Gary Wilkerson.