viernes, 16 de octubre de 2015

LA PÉRDIDA DE SU PRESENCIA

En el tercer capítulo de Apocalipsis, Cristo resume Su mensaje a los siete pastores y sus congregaciones. Y Sus palabras dicen: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo” (3:20). Muy a menudo, los cristianos no abren la puerta de sus corazones a Jesús. Cuando Él toca, ni siquiera están en casa. En lugar de ello, hay un letrero en la puerta, que dice: “Querido Señor, salí a ministrar al hospital, y después a la cárcel. Te veo en la iglesia”.

Muchas iglesias hoy están haciendo tantas cosas buenas y caritativas en el nombre de Cristo. Tienen programas para casi cada necesidad humana y la congregación vive vidas limpias y rectas, cuidadosos en evitar el pecado. Pero algo ha cambiado en ellos. En una época, estos creyentes eran devotos en su comunión con Jesús. No transcurría un solo día sin pasar tiempo a solas con Él. Pero ahora las cosas son diferentes. Todo lo que Le dan es un saludo rápido camino a alguna obra. ¿Cuán serio es esto para Jesús?

Jesús nos está advirtiendo: “Algo se ha perdido en Mi iglesia. Es mi asombrosa presencia. Deben volver al lugar secreto de oración, de vuelta a cenar conmigo. De lo contrario, quitaré Mi presencia de ustedes. Todas sus buenas obras, sus predicaciones, evangelismos y generosidades, deben brotar de nuestro tiempo juntos. Deben provenir de Mi mesa”.

La iglesia en Éfeso (Apocalipsis 2:11) había perdido algo que una vez poseyó: La presencia manifiesta de Cristo en medio de ella. Habían comenzado a tomar la presencia de Jesús por sentada y estaba afectando su ministerio. En otro tiempo, ellos se amaban y tenían cuidado uno del otro. Pero ahora, aun eso lo tomaban por sentado. Y eso tuvo un efecto desastroso en sus labores para hacer buenas obras. Estaban tan ocupados sirviendo a la gente, que sus obras se convirtieron en el enfoque, no el amor de Cristo. Su presencia poderosa estaba ausente.

Ahora Jesús les advertía: “Si no hacen cambios; si no vuelven a su hambre por Mí, voy a quitarles su testimonio. No tendrán ninguna autoridad cuando hagan sus buenas obras. Todo será en vano”.