viernes, 15 de agosto de 2014

UNA IGLESIA ESTÉRIL VA A DAR A LUZ MUCHOS NIÑOS

“Regocíjate, oh estéril, la que no daba a luz; levanta canción y da voces de júbilo, la que nunca estuvo de parto; porque más son los hijos de la desamparada que los de la casada, ha dicho Jehová”. (Isaías 54:1)

Algunos sostienen que la iglesia de los últimos días no es estéril, señalando todas las súper iglesias, los muchos ministerios, y las multitudes que atienden seminarios religiosos, conferencias y conciertos y devoran libros religiosos, grabaciones y vídeos. Pero lo que Dios llama hijos espirituales y lo que la iglesia ha estado llamando hijos son dos cosas muy diferentes. Mientras que la iglesia se ha centrado en el crecimiento en número, influencia y éxito, Pablo está clamando: “Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros” (Gálatas 4:19). Pablo diría: “No me digas cuántos asisten a tu iglesia. No me digas cuántos asisten a tus eventos, cuánta literatura distribuyen, cuántas Biblias reparten… ¡Dime cuántos se están formando a semejanza de Cristo!”

Yo creo que Dios ve los últimos veinte o treinta años como una época de hambre de la Palabra; como los años que ha comido la oruga; años de estar centrados en sí mismos; años en donde extraños están siendo exaltados en la casa de Dios; años de predicadores orgullosos, locura por el dinero, arribismo y superficialidad. “Contra Jehová prevaricaron, porque han engendrado hijos extraños” (Oseas 5:7). “Te planté de vid escogida, simiente verdadera toda ella; ¿cómo, pues, te me has vuelto sarmiento de vid extraña?” (Jeremías 2:21).

Dios promete que la iglesia estéril de los últimos días va a dar a luz a una gran cosecha de niños. “Ensancha…no seas escasa…alarga…refuerza... Porque te extenderás a la mano derecha y a la mano izquierda” (Isaías 54:2-3). Dios va a remover la vergüenza y el oprobio de la iglesia de los últimos días. “No temas, pues no serás confundida; y no te avergüences, porque no serás afrentada, sino que te olvidarás de la vergüenza de tu juventud, y de la afrenta de tu viudez no tendrás más memoria” (Isaías 54:4).