lunes, 18 de agosto de 2014

EL CONSUMADOR DE NUESTRA FE by Gary Wilkerson

"Jesús, el autor y consumador de la fe" (Hebreos 12: 2). Hay muchas cosas que sinceramente anhelo, pero algunas no fueron iniciadas por Dios. Por ejemplo, anhelo de todo corazón que nuestra iglesia en Colorado Springs vea a decenas de miles de personas venir a Cristo en las próximas décadas. Dios no me lo ha prometido, pero aun así, anhelo y oro para que Él traiga a los perdidos a sus brazos amorosos.

Todos necesitamos tener cuidado de tomar nuestras esperanzas y convertirlas en promesas. Sólo podemos estar seguros de que algo es una promesa de Dios cuando está confirmada a través de la Escritura, de la oración y, a veces, de hermanos cristianos.

Es posible para nosotros escuchar la voz de nuestras propias ambiciones y deseos, y confundirla con la voz de Dios. Podemos anhelar ciertas cosas, incluyendo cosas buenas, y sin embargo, como lo escribió Santiago, Dios no nos va a conceder esas peticiones porque nacieron de nuestro esfuerzo propio y de la carne.

En lugar de ello, Dios perfecciona nuestra fe al poner a un lado esas cosas. Hablando como un hombre de mediana edad, estoy tan feliz de que el Señor haga esto. Hay muchas cosas que yo he querido en mis treinta años, que hoy me alegro de que Él nunca me las haya dado. En Su misericordia, Dios vio lo que yo necesitaba y no permitió las cosas que yo quería. Al perfeccionar nuestra fe, los deseos que Él inicia, aquellas cosas nacidas en Él y no en nosotros mismos, comienzan a levantarse en nuestros corazones.

"Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve" (11: 1). Cuando Dios purifica nuestra fe, nuestra confianza es edificada. Crecemos en el discernimiento y decimos: "Ah, sí, esta es la Palabra del Señor y esa otra palabra no lo es. Él me está confirmando su promesa a través de la Escritura, de la oración y del testimonio de mis hermanos y hermanas”. La fe comienza a establecer el asunto dentro de nosotros, tal como Hebreos 11: 1 dice que por la fe estamos totalmente seguros de que vamos a recibir lo que esperamos.

Este tipo de fe fue perfeccionada en aquellos que formaron parte de los Héroes de la Fe (ver Hebreos 11). Según ese capítulo, Dios no elogió a Abel por su digno sacrificio de adoración, sino por su fe. Noé no fue elogiado por ser un predicador de justicia sino por su fe. De igual manera, Moisés no fue elogiado por ser un osado libertador, sino por su fe.