lunes, 19 de mayo de 2014

MI HERENCIA by Gary Wilkerson

Jacob, uno de los hijos de Isaac, luchó con Dios gran parte de su vida. Incluso en el vientre de su madre, porque su hermano estaba naciendo primero, Jacob agarró el talón de Esaú y trató de tirar de él ¿Por qué? Porque Jacob quería ser el primero, estaba luchando por la bendición (Génesis 25:24-26).

Ya sabes la historia de cómo Jacob sobornó a su hermano con un guisado de lentejas (Génesis 25:29-34) y luego engañó a su padre para que le diera la bendición que le correspondía de Esaú (Génesis 27:27-29). Jacob era un hombre que siempre se sentía vacío y sin bendición en su interior. No sentía que el favor de Dios estaba sobre él, así que pasó toda su vida invirtiendo tiempo y energía tratando de lograr algo que ya tenía. Siempre estaba luchando, luchando, luchando con Dios…¿Para qué? Puedes oírlo decir una y otra vez: “¡Bendíceme, Señor! Déjame tener mi herencia”.

Luchar con Dios a veces nos hace perder la bendición que Él ha provisto para nosotros. Debemos entrar en el descanso, en ese lugar de confianza, y decir: “Dios, no importa como esté la situación alrededor mío, voy a confiar en Ti”.

¿Te acuerdas de la lucha que tuvo Jacob con Dios? El ángel descendió y se produjo una batalla durante la noche. La Biblia dice que Jacob luchó con Dios y prevaleció (Génesis 32:23-30).

Dios le estaba diciendo a Jacob: “Déjalo ir, Jacob. Esta batalla ha terminado. Tú has estado luchando toda tu vida para ser bendecido y no te has dado cuenta que ya te he bendecido. Te he dado mi heredad, mi amor, mi gracia y mi poder. Te he dado todo lo que necesitas de acuerdo a mis riquezas en gloria, así que necesitas dejar de luchar por ello. Sólo recíbela por fe y camina en obediencia a Mí. Haz lo que tu padre hizo, haz lo que Abraham hizo, y verás la bendición de Dios en tu vida.” ¡Y así finalmente Jacob confió en Dios!

Dios quiere favorecerte y enriquecer tu vida espiritual. Él quiere que tengas un claro discernimiento para tomar decisiones sabias que te guíen a bendición en tu vida. Recuerda, ¡Dios quiere bendecirte!