jueves, 27 de diciembre de 2012

UN PEQUEÑO PASO

Qué pequeño y simple paso hay entre dudar del amor de un padre a tomar el asunto en nuestras propias manos. Pero, ¡qué trágico paso! En el momento de forzar las cosas de acuerdo a tu voluntad, expones tu corazón a una avalancha de maldad.

La primera cosa que cambió en los hermanos de José después de que comenzaron a dudar del amor de su padre era la forma en que hablaban. Escúchalos: "Venid, matémosle. No, echémosle en una cisterna. ¡Mejor aún, vendámosle a los ismaelitas y hagamos un poco de dinero...!" Sus corazones se hincharon con desprecio y traición, y de aquellos corazones corrompidos estalló un torrente de palabras malvadas, el lenguaje del mundo.

El lenguaje profano es un signo seguro de un corazón endurecido. Los hermanos de José se volvieron insensibles al pecado y sus conversaciones corrompidas los condujeron a un comportamiento criminal. Primero hablaron como los malvados y luego empezaron a actuar como ellos. En poco tiempo, se convirtieron en criminales fríos y calculadores. No solamente pecaron, lo encubrieron y luego se dedicaron a su negocio de cuidar ovejas como si nada hubiera pasado.

Cuan bajo caemos una vez que dudamos del amor de nuestro Padre. Cuan corruptos e insensibles llegamos a ser. Malaquías, el profeta, advirtió a los hijos de Israel acerca de la dureza de sus corazones. Al igual que los hermanos de José, los israelitas habían caído en la trampa de la duda y terminaron endurecidos en su pecado. El libro de Malaquías comienza: "Profecía de la palabra de Jehová contra Israel, por medio de Malaquías. Yo os he amado, dice Jehová; y dijisteis: ¿En qué nos amaste? (Malaquías 1:1-2). ¡Increíble! Se atrevieron a decirle a Dios: "No vemos ninguna evidencia en nuestras vidas de que nos amas o te preocupas por nosotros."

Muéstrame un cristiano que comienza a dudar del amor de Dios y decide tomar el asunto en sus propias manos, y te mostraré un cristiano cuya conversación se está volviendo corrupta. Casi de la noche a la mañana habrá un cambio notable. Cuanto más duda, más impío su lenguaje se volverá. La forma en que algunos cristianos hablan es absolutamente impactante. Alguna vez, hablaban con devoto respeto y reverencia, pronunciando palabras de fe y gozo. Alguna vez, hablaban suavemente, con un discurso de que edificaba. Ahora hablan brusca e irreverentemente. Sus palabras revelan lo que hay en sus corazones: el miedo, la incredulidad y la desesperación.

Desecha todos los pensamientos malos e incrédulos. ¡No continúes dudando del gran amor de Dios!