jueves, 23 de agosto de 2012

MOVIDO POR LA COMPASIÓN

Compasión no es solo pena o lástima. Es más que ser movido a las lágrimas o verse afectado emocionalmente. Compasión significa pena y misericordia acompañados por el deseo de ayudar a cambiar las cosas. ¡La verdadera compasión nos mueve a hacer algo!

En un momento dado, Jesús se fue al desierto para orar. Cuando las multitudes descubrieron Su paradero, lo siguieron a pie y trajeron a Él sus cojos, ciegos, moribundos, y poseídos por el demonio. La Biblia nos dice: “Y saliendo Jesús, vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, y sanó a los que de ellos estaban enfermos” (Mateo 14:14)

Si Jesús hubiera sido obstaculizado por nuestro pensamiento moderno, podría haber llamado a sus discípulos a una reunión de comité para analizar los problemas y hablar acerca de los pecados que han llevado a la sociedad al lugar donde está. Habría apuntado a los endemoniados que botaban espuma por la boca y con lágrimas en los ojos habría dicho: “Miren lo que el pecado le hace a la gente, ¿No es trágico?

O podría haber dicho, como tanta gente santurrona: “Mira, yo siento tu dolor. He trabajado arduamente ministrándote, pero ahora estoy exhausto, y necesito hablar con mi Padre. Más tarde llamaré a mis discípulos a una reunión de oración y oraremos por tus necesidades. Ahora, ve en paz”.

En pocas palabras, esa es la teología moderna. Todos están dispuestos a orar, pero pocos están dispuestos a actuar.

Mateo 9 dice de Jesús: Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor (9:36). La frase “tuvo compasión” aquí significa “incitado a la acción”

Entonces, ¿que hizo Jesús? Él no sólo habló. Su corazón fue movido por lo que vio y tuvo un anhelo apasionado de cambiar las cosas. Los sentimientos de pena y lástima que sintió lo movieron a la acción.

“Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo (verso 35). Esto no era alguna teología inútil. Jesús no solamente se apartaba con el Padre y decía: “Señor, envía obreros a Tu mies”. No, Jesús mismo fue. Él estuvo profunda, práctica e íntimamente involucrado.