martes, 14 de febrero de 2012

PIEDRAS PRECIOSAS

Lea esta profecía de Isaías:

“«¡Pobrecita, fatigada con tempestad, sin consuelo!
He aquí que yo cimentaré tus piedras sobre carbunclo
y sobre zafiros te fundaré.
Tus ventanas haré de piedras preciosas;
tus puertas, de piedras de carbunclo,
y toda tu muralla, de piedras preciosas.
Todos tus hijos serán enseñados por Jehová,
y se multiplicará la paz de tus hijos.
Con justicia serás adornada;
estarás lejos de la opresión, porque no temerás,
y lejos del temor, porque no se acercará a ti.
(Isaías 54:11-14).

¡Qué maravillosa profecía! Las “piedras sobre carbunclo” mencionadas en el versículo 11 son joyas. Si usted tiene conocimiento sobre joyas, sabe que en algún momento el diamante fue una pieza de carbón que fue trabajada durante años por elementos químicos . La Palabra de Dios nos está diciendo: “¡Tus aflicciones te van a transformar en algo hermoso -algo preciado para mí!”

Las “ventanas de piedras preciosas” mencionadas aquí, son un tipo de cuarzo hecho cristalino por el fuego. El aspecto de las “ventanas” tiene que ver con los ojos o visión. Dios nos está diciendo que al confiar en Él durante nuestras aflicciones, Él nos dará una clara visión y discernimiento. Las aflicciones nos permitirán ver lo invisible tan claro como un cristal transparente.

Muchos eruditos creen que la frase “puertas de cristal” se puede interpretar mejor como “puertas de perlas.” Las perlas son formadas de un grano de arena que se ubica en el vientre de una ostra. El grano es inyectado con fluído, después es rallado e irritado hasta convertirse en una perla.

Medite en todo el proceso de rallado y de irritante fricción en su vida. ¿Qué es lo que Dios está haciendo? ¡Él está creando una perla! Toda perla es un recuerdo de sufrimiento, dolor y fricción.

Yo creo que en este pasaje Isaías está hablando de la belleza de Jesucristo. En otras palabras, cuando la presencia de aflicción es permitida con el objeto de alcanzar un propósito, ésta hace que la gente sea transformada a semejanza del bello carácter de Cristo. La aflicción nos hace más y más como Jesús.