domingo, 12 de febrero de 2012

DIOS ESCUCHA NUESTRO CLAMOR

Las aflicciones nos enseñan a postrarnos y a clamar al Señor cuando nos encontramos en problemas y dificultades.

“Conozco, Jehová, que tus juicios son justos y que conforme a tu fidelidad me afligiste.” (Salmo 119:75). David está diciendo, “Señor, yo sé por qué tú me afligiste. Tú viste que cuando todo marchaba bien, yo me alejé, empecé a perder interés, y por tanto, permitiste que tribulación viniera a mí. Tú sabías que ésta doblegaría mis rodillas y me quebrantaría. ¡Mi aflicción fue evidencia de tu fidelidad para conmigo!”

Conozco a mucha gente que ha tenido que pelear contra terribles ataduras en sus vidas—drogas, alcohol, tabaco -y tentaciones diarias. Sin embargo, yo le digo a toda esta gente: “Dios tiene cuidado de usted. Él sabe la miseria por la que usted está pasandoy solamente Él puede librarlo.”

El Señor no le dice a usted constantemente, “Eres miserable por lo que has hecho. Me has fallado y ahora estás pagando el precio.” ¡No! Usted no le sirve a un Dios como ese. Usted le sirve a un padre amoroso que siente su dolor desde el primer momento en que usted se afligió. No importa cómo usted inició su aflicción, Dios se duele con usted y quiere librarlo.

Usted puede pensar que Dios no lo está ayudando para nada, pero desde el primer momento en el que Él escuchó su clamor, Dios entró en acción. Deje mostrarle lo anterior:

"Dios oyó el gemido de ellos y se acordó de su pacto con Abraham, Isaac y Jacob. Y miró Dios a los hijos de Israel, y conoció su condición.” (Éxodo 2:24-25). Aquí la palabra conoció significa, “Él empezó a actuar.” Dios escuchó su clamor y empezó a tomar acción en su lugar.

"Claman los justos, y Jehová oye y los libra de todas sus angustias.” (Salmo 34:17). Toda vez que usted se postra sobre sus rodillas, Dios inmediatamente obra en su lugar.