lunes, 20 de febrero de 2012

MARIA MAGDALENA

María Magdalena epitomiza a la novia cuyo corazón está completamente entregado a Cristo. La vida de esta mujer está marcada por su amor y afecto por Jesús.

María Magdalena no fue un gran teólogo. Cuando los discípulos se juntaron para discutir asuntos profundos acerca de la cruz, ella probablemente permaneció en silencio, pues las mujeres en ese tiempo rara vez hablaban en público sobre cuestiones espirituales en la presencia de los hombres. Sin embargo, ella tenía algo que ellos no poseían - ¡ella tuvo una revelación!

“El primer día de la semana, María Magdalena fue de mañana, siendo aún oscuro, al sepulcro, y vio quitada la piedra del sepulcro.” (Juan 20:1). María vino a la tumba mientras otros todavía dormían. Cuando ella encontró la piedra removida y el cuerpo de Jesús desaparecido, ella corrió para encontrar a Pedro y a Juan.

Cuando los discípulos llegaron al sepulcro, ellos entraron y vieron los lienzos bien doblados - pero no el cuerpo. Ellos comprendieron claramente que Jesús no estaba allí. Entonces, la Biblia dice de los dos discípulos “...vio, y creyó” (versículo 8) Ellos recordaron las palabras de Jesús hacia ellos acerca de Su resurrección en el tercer día. Dos versículos adelante leemos, “Y volvieron los discípulos a los suyos.” (versículo 10) Ellos estuvieron satisfechos al saber que Jesús ya no estaba más allí, por tanto regresaron a sus labores diarias.

¿Acaso no es esta la iglesia de hoy? Muchos cristianos dicen, “Yo he visto el poder del evangelio, entonces, por supuesto que yo creo.” Ellos identifican su relación presente con Jesús por mero conocimiento mental. ¡No sucedió eso con María! Conocimiento no fue suficiente para ella. Ella quería a Jesús mismo y ella no se iba a mover “Pero María estaba fuera llorando junto al sepulcro; mientras lloraba, se inclinó para mirar dentro del sepulcro” (versículo 11).

El espíritu de María estaba clamando, “Este mundo es intolerable sin Él. No me puedo ir a casa.” Ella simplemente amaba al Señor y tenía la determinación de pararse en esa tumba hasta que su quebrantado corazón encontrara respuestas. Pronto, el corazón devoto de María le trajo una visitación divina.

“...mientras lloraba, se inclinó para mirar dentro del sepulcro, y vio a dos ángeles con vestiduras blancas, que estaban sentados el uno a la cabecera y el otro a los pies, donde el cuerpo de Jesús había sido puesto.” (versículos 11-12).

Mientras los otros discípulos regresaron a su casa, María estaba viendo lo que nadie más pudo haber visto -porque su corazon estaba entregado a Jesús.