domingo, 19 de febrero de 2012

ESPERANDO SU VENIDA

En Mateo 24:44 Jesús dice, “Por tanto, también vosotros estad preparados, porque el Hijo del hombre vendrá a la hora que no pensáis.”

Una característica de la novia de Cristo es la expectación a Su pronta venida. La novia de Jesús vive con una expectación continua y gozosa ante Su inmimente regreso -porque Él
puede regresar en cualquier momento.

Sin embargo, Jesús advirtió que en los últimos días ministros malvados infiltrarán en la iglesia con el propósito de poner a domir a la novia. Ellos interarán robar su corazón lleno de amor por el novio argumentando, “Mi señor tarda en venir” (versículo 48). Este evangelio es predicado por aquellos que no quieren pagar el precio para obedecer los mandamientos de Cristo. Ellos realmente no quieren que Jesús regrese porque ellos tienen hábitos pecaminosos y llevan una doble vida. De hecho, ellos han preparado una doctrina para justificar su continuidad en el pecado. ¿Cuál es el resultado de esta falsa enseñanza? Primero, ésta termina en mundanidad porque aquéllos que creen en ella quieren disfrutar del éxito y prosperidad del mundo.

¡Amado, no ceda a esta doctrina de retraso! Si usted es parte de la novia de Jesús, usted estará tan enferma de amor por su Señor que no será capaz de caer en dicha doctrina. En su lugar, usted gritará, “Mi Señor dijo que yo debo estar lista en todo momento para Su regreso. Yo sé que Él
está cerca - yo lo puedo sentir. Mi corazón clama dentro de mí ‘¡He aquí, el novio está por llegar!’”

La primer iglesia estaba ampliamente despierta, presta de atención a las palabras de Jesús. Sus lámparas estaban en buena condición y flameantes; y ellas tenían un buen abastecimiento de aceite. Pedro resumió el espíritu de la primer iglesia de esta manera: “esperando y apresurándoos para la venida del día de Dios..., Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva” (2 Pedro 3:12-13). De igual forma, Pablo dice: “...de tal manera que nada os falta en ningún don mientras esperáis la manifestación de nuestro Señor Jesucristo” (1 Corintios 1:7).