jueves, 21 de abril de 2011

UN ANCLA EN LA TORMENTA

"La cual tenemos como ancla del alma, segura y firme, y que penetra hasta dentro del velo" (Hebreos 6:19).

El ancla a la cual se refiere este pasaje de la Escritura es la esperanza; no la esperanza de este mundo malvado sino la esperanza fundamentada en el juramento de Dios de guardar, bendecir y gobernar sobre aquellos que confían en Él.

Sólo esta esperanza es nuestra ancla en la tormenta que cae sobre la tierra en este momento. El escritor de Hebreos advirtió: "No os hagáis perezosos, sino imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas" (6:12).

Dios hizo un juramento a los "herederos de la promesa," que son todos aquéllos que están en Cristo. Él hizo un juramento para poner fin a todos los esfuerzos -todas las dudas- de modo que "... tengamos un fortísimo consuelo los que hemos acudido para asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros" (6:18).

Esta es nuestra esperanza: DIOS HA JURADO CUMPLIR SUS PROMESAS Y ES IMPOSIBLE QUE DIOS MIENTA.

Él cumplió su palabra a Abraham y Él cumplirá su palabra a usted en la medida en que confíe en Él. Necesitamos un fortísimo consuelo en estos tiempos.

Después de que todo ha sido dicho y hecho - y todos los sermones sobre esperanza han sido predicados- todo se reduce a esto: ¿Estamos dispuestos a encomendar todo en sus manos, a descansar en su Palabra y a permanecer de pie sin vacilar en el amor de Dios, totalmente convencidos de que sus promesas se cumplirán?

¡Usted puede tomar esta clase de fe que va más allá del velo en el lugar santísimo!