martes, 19 de abril de 2011

ESPERANZA EN LA TORMENTA QUE SE AVECINA

David nos da una idea clara de la actitud de Jesús frente a la tormenta que se avecinaba. El habla proféticamente de Cristo, diciendo: "Veía al Señor siempre delante de mí; porque está a mi diestra, no seré conmovido" (Hechos 2:25). El significado literal aquí es, "yo estaba siempre en Su presencia, contemplando su rostro." David citará a Jesús diciendo: "Por lo cual mi corazón se alegró, y se gozó mi lengua, aun mi carne descansará en esperanza" (2: 26).

Aquí está el secreto: ¡Jesús mantuvo siempre al Padre delante de su rostro! Jesús continuamente buscó lugares secretos para estar a solas con su Padre. Y fue sólo después de estar en la presencia de Dios que Cristo salió a ministrar, plenamente convencido de que su Padre siempre estaba con él. "Él está a mi mano derecha y nada en esta tierra me podrá mover." Aquí la palabra griega para mover significa "agitado, sacudido o alterado." Jesús decía: "Ninguno de estos problemas, males o acontecimientos que vienen podrán destruirme o sacudir mi confianza. Mi Padre está en completo control".

Amados, si vamos a enfrentar la tormenta que se avecina, entonces tenemos que estar preparados para que nada perturbe nuestro espíritu; y la única manera de hacerlo es pasar tiempo en la presencia del Padre contemplando su rostro. Tenemos que estar a solas con Él - de rodillas, experimentando su presencia, buscándole a Él- hasta que estemos completamente convencidos de que Él está a nuestra mano derecha.

Dios nos está diciendo claramente: "No seas movido o agitado por nada de lo que ves. Mantén tus ojos enfocados en mí y conserva tu gozo”. Y, de acuerdo con David, Jesús declaró, "Tú me llenas de alegría con tu rostro" (Hechos 2:28). Es como si Cristo nos estuviera diciendo, "Yo afronté todo lo que vas a enfrentar en los últimos días de los tiempos. Tuve los mismos sentimientos de presagio, porque vi la tormenta que se avecinaba. Pero corrí a la presencia de mi Padre, y Él quitó de mí todas mis preocupaciones. Él me mostró el resultado de todo ello; y en su presencia encontré todo el gozo, la esperanza y el descanso que necesitaría para el final. Tengo paz y alegría porque he estado con Él. "

"Mi carne descansará en esperanza" (2:26).