jueves, 29 de octubre de 2009

REGOCIJAOS EN EL SEÑOR

“Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!” (Filipenses 4:4) Estas son las palabras finales de Pablo a los Filipenses. El no estaba diciendo, “Estoy en prisión y éstas cadenas son una bendición. Estoy tan contento de este dolor”. Yo estoy convencido de que Pablo oró diariamente por su liberación y que a veces clamaba por fortaleza para soportar. Aún Jesús en su hora de aflicción y dolor, clamó al Padre, “¿Por qué me has abandonado?” Este es nuestro primer impulso en nuestras aflicciones, clamar y preguntar, “¿Por qué?” Y el Señor es paciente con ese clamor.


Pero Dios también ha provisto para que nuestras preguntas de “¿Y si…?, y los “¿Por qué?” puedan ser respondidas por su Palabra. Pablo escribe, “Sabiendo que estoy puesto para defensa del evangelio…Cristo es anunciado; y en esto me gozo y me gozaré siempre.”(Filipenses 1:17-18) El nos está diciendo, en otras palabras, “Estoy determinado a que la Palabra de Dios sea validada por la manera en que yo reacciono a esta aflicción. Yo me he propuesto que no voy a traer vergüenza al evangelio ni hacerlo parecer sin poder.”


“El hecho es, Cristo está siendo predicado por mi apariencia calmada, por mi descanso en medio de todo esto. Todos los que me ven saben que el evangelio que yo predico, me sostiene durante estos tiempos duros. Esto prueba de que Dios puede llevar a cualquier persona a través de cualquier situación, cualquier fuego o inundación, y que el evangelio será predicado a través de esa experiencia.”


El mensaje que yo escucho a través de Pablo y de Abraham es éste: No tenemos que hacer algo grande para el Señor. Tan solo tenemos que confiar en él. Nuestro rol es colocar nuestras vidas en las manos de Dios y creer que él cuidará de nosotros. Si nosotros simplemente hacemos eso, su evangelio estará siendo predicado, no importa cual sea nuestra circunstancia. Y Cristo será revelado en nosotros especialmente en nuestras circunstancias difíciles.


Sam, un anciano de nuestra iglesia, me dijo una vez, “Pastor David, la manera en que usted responde a los momentos difíciles es un testimonio para mí”. Lo que Sam no se dio cuenta es que su vida es un sermón para mí. El vive con un dolor crónico que sólo le permite dormir unas pocas horas cada noche. A pesar de su dolor atroz, su devoción al Señor es un testimonio para todos nosotros. Su vida predica a Cristo tan poderosamente como cualquiera de los sermones de Pablo.


Así que, ¿está Cristo siendo predicado durante el tiempo difícil que usted está pasando? ¿Ve su familia que el evangelio está trabajando en usted? O sólo ven pánico, desesperación e incertidumbre de las fidelidades de Dios? ¿Cómo está usted respondiendo a su aflicción?

miércoles, 28 de octubre de 2009

DIOS TIENE TODO BAJO CONTROL

El mundo entero está ahora temblando sobre el estallido de terror y calamidades a través de toda la tierra. Cada día que despertamos escuchamos sobre otro desastre. Aún algunos analistas dicen que estamos presenciando los comienzos de una 3ra guerra mundial.


Los que no son creyentes, están convencidos de que ya no quedan soluciones, que todo está entrando en un caos por que no hay “un gobierno sobre todas las cosas”. Pero el pueblo de Dios sabe lo contrario. Sabemos que no hay razón para temer, por que la Biblia nos recuerda una y otra vez que el Señor tiene todo bajo control. Nada sucede en el mundo sin su conocimiento y gobierno.


El Salmista escribe, “Porque de Jehová es el reino y él regirá las naciones” (Salmo 22:28). De igual manera, el profeta Isaías declara al mundo, “Acercaos, naciones, juntaos para oír; y vosotros pueblos escuchad. Oiga la tierra y cuanto hay en ella” (Isaías 34:1). El está diciendo, “escuchen naciones, y préstenme oído. Quiero decirles algo importante sobre el Creador del mundo”.

Isaías indica que cuando la indignación de Dios se enardece contra las naciones y sus ejércitos, es el Señor mismo quien los entrega a la matanza. “He aquí, las naciones son para él como la gota de agua que cae del cubo, y como polvo menudo en las balanzas le son estimadas…Como nada son todas las naciones delante de él; para él cuentan menos que nada…El está sentado sobre el círculo de la tierra, cuyos moradores son como langostas…¿A qué, pues, me haréis semejante o me compararéis?” (Isaías 40:15, 17, 22, 25).


Isaías luego se dirige al pueblo de Dios, quienes están maltratados y agitados por los eventos mundiales. El aconseja, “Levantad en alto vuestros ojos y mirad hacia arriba, al glorioso cielo: Admiren los millones de estrellas que fueron puestas allí. Vuestro Dios creó y nombró cada una de ellas. ¿No son ustedes para él más preciosos que ellas? Así que, no teman.”


Debemos saber de que hay un mapa en el cielo, un plan que nuestro Padre ha diseñado para el curso de la historia. Y él conoce el final desde el principio. Mientras este plan llega a su realización, yo creo que debemos de preguntarnos esta pregunta: “¿Dónde está el ojo de Dios enfocado en todo esto?” El ojo de Dios no está enfocado en los dictadores del mundo con sus ídolos de lata ni en sus amenazas.


Las escrituras nos aseguran de que las bombas de estos hombres salvajes, ejércitos y poderes son nada para el Señor. El se ríe de ellos como si fueran meras partículas de polvo, que pronto él soplará y desaparecerán (ver Isaías 40:23-24).

martes, 27 de octubre de 2009

HE TRABAJADO EN VANO

¿Le asombraría saber que Jesús experimentó el sentimiento de haber logrado poco?


En Isaías 49:4 leemos estas palabras: “Pero yo dije: Por demás he trabajado, en vano y sin provecho he consumido mis fuerzas…” Note que estas no son las palabras de Isaías, quien fue llamado por Dios cuando ya era maduro de edad. No, estas son las propias palabras de Cristo, habladas por Aquel “llamado…desde el vientre, desde las entrañas de mi madre…El Señor…me formó desde el vientre para ser su siervo, para hacer volver a él a Jacob, (y para congregarle a Israel)” (49:1, 5)


Cuando llegué a este mensaje, un mensaje que había leído muchas veces antes, mi corazón quedó en asombro. Difícilmente podía creer lo que estaba leyendo. Las palabras de Jesús aquí sobre “trabajar en vano” fueron una respuesta al Padre quien acababa de declarar “Mi siervo eres…en quien me gloriaré” (49:3). Leemos la respuesta asombrosa de Jesús en el verso que sigue: “Por demás he trabajado, en vano y sin provecho he consumido mis fuerzas” (49:4)

Después de haber leído esto, me puse de pié en mi sala de estudio y dije: “Qué maravilloso. No puedo casi creer que Cristo fuera así de vulnerable, confesando al Padre que estaba experimentando lo que nosotros los humanos enfrentamos. En su humanidad, él probó el mismo descorazonamiento, el mismo abatimiento, las mismas heridas. El estaba teniendo los mismos pensamientos que yo he tenido sobre mi propia vida: ‘Esto no es lo que yo había percibido que fue prometido. Malgasté mis fuerzas. Todo ha sido en vano.”


Leyendo esos versos me hizo que amara mucho más a Jesús. Me di cuenta de que Hebreos 4:15 no es tan sólo un cliché: nuestro Salvador verdaderamente es tocado cuando siente nuestras debilidades, y fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. El había conocido estas mismas tentaciones de Satanás, y había escuchado la misma voz acusadora: “Tu misión no ha sido completada. Tu vida ha sido un fracaso. Todo tu trabajo de nada ha servido.”


Cristo vino al mundo para realizar la voluntad de Dios de reavivar a Israel. Y él hizo lo que se le había encomendado. Pero Israel lo rechazó: “A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron” (Juan 1:11).


¿Por qué Jesús, o cualquier hombre o mujer de Dios, hablaría palabras tan desesperadas como éstas?: “he trabajado en vano” ¿Cómo podría el Hijo de Dios decir tal cosa? ¿Y por qué ha habido generaciones de creyentes fieles que han sido reducidos a estas palabras abatidas? Es el resultado de medir los resultados pequeños contra las expectaciones altas.


Usted puede pensar, “Este mensaje parece que sólo se aplica a ministros, o es para los llamados a hacer un gran trabajo para Dios. Me parece que está dirigido a misioneros o a profetas de la Biblia. Pero ¿qué tiene que ver conmigo?” La verdad es, que todos somos llamados a un propósito grandioso y común para todos, y a un ministerio: y es, ser como Jesús. Somos llamados a crecer en su imagen, a ser cambiados en su imagen expresada.

lunes, 26 de octubre de 2009

ESTAD FIRMES Y CONSTANTES

Hemos aprendido de Isaías 49 que el Señor conoce tu batalla. El ya la ha peleado antes que tú lo hagas. Y no es pecado soportar pensamientos de que nuestra labor ha sido en vano, o derrumbarnos con un sentimiento de haber fallado cuando nuestras expectativas se hacen añicos. Jesús mismo pasó por esto y estaba sin pecado.


Sin embargo, es peligroso permitir que estas mentiras infernales hieran e inflamen tu alma. Jesús nos muestra el camino para salir de este abatimiento con la siguiente declaración: “Por demás he trabajado…pero mi causa está delante de Jehová, y mi recompensa con Dios” (Isaías 49:4 cursivas mías). La palabra Hebrea “causa” significa aquí “veredicto”. Cristo está diciendo en efecto, “El veredicto final es con mi Padre. Sólo El pasa juicio sobre todo lo que he hecho y cuán efectivo he sido.”


Dios nos urge a través de este verso: “Deja de pasar veredictos sobre tu trabajo para mí. No tienes por qué juzgar qué tan efectivo has sido. Y tú no tienes ningún derecho a llamarte un fracasado. Tú no tienes todavía ni idea la influencia que has tenido. Tú simplemente no tienes la visión de saber las bendiciones que te están viniendo.” Así es, no sabremos estas cosas hasta que estemos delante de El en la eternidad.


En Isaías 49, Jesús escuchó que el Padre decía en pocas palabras: “Así que Israel no está juntado. Sí, te encomendé que juntaras a las tribus, y eso no ha sucedido de la manera en que te lo imaginaste. Pero ese llamado fue sólo una pequeña cosa comparada con lo que viene para ti. Es nada en comparación con lo que tengo preparado. Te haré ahora una luz para todo el mundo. Tú traerás salvación a toda la tierra” (vea Isaías 49:5-6)


Mientras el diablo te está mintiendo, diciéndote que todo lo que has hecho fue en vano, que nunca verás tus expectativas realizadas, Dios está en su gloria preparando una bendición más grande. El tiene mejores cosas preparadas, más allá que cualquier cosa que pudieras pensar o pedir.


No tenemos por qué seguir escuchando las mentiras del enemigo. En lugar de eso, tenemos que descansar en el Espíritu Santo, creyendo que él completará el trabajo de hacernos más como Cristo. Y tenemos que levantarnos de nuestra desesperación y pararnos en ésta palabra: “Estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano” (1 Corintios 15:58).

domingo, 25 de octubre de 2009

DAME TODOS TUS MAÑANAS

El Señor se le apareció a Abraham un día y le dio un mandato increíble: “Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré.” (Génesis 12:1).


Qué cosa asombrosa. De repente, Dios escogió a un hombre y le dijo, “Quiero que te levantes y te vayas, dejando todo atrás: tu casa, tus parientes, aún tu país. Quiero enviarte a algún lugar, y te dirigiré por el camino para que llegues allí.”


¿Cómo respondió Abraham a ésta palabra increíble del Señor? “Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba.” (Hebreos 11:8).


¿Qué estaba haciendo Dios? ¿Por qué buscaría entre las naciones a un hombre, y luego le pediría que lo abandone todo y se vaya en un viaje sin ningún mapa, sin dirección preconcebida, sin saber cual era el destino? Piense en lo que Dios le estaba pidiendo a Abraham. El nunca le mostró cómo iba a alimentar y cuidar de su familia. El no le dijo qué tan lejos tendría que ir ni cuando él llegaría a su destino. El sólo le dijo dos cosas en el principio: “Ve”, y, “Te mostraré el camino”


En esencia, Dios le dijo a Abraham, “Desde éste día en adelante, quiero que me entregues todos tus mañanas. Tú vivirás el resto de tu vida poniendo tu futuro en mis manos, día tras día. Te estoy pidiendo que comprometas tu vida a una promesa que te estoy haciendo a ti, Abraham. Si tú te comprometes a hacer esto, te bendeciré, te guiaré y te dirigiré a un lugar que nunca imaginaste.”


El lugar a donde Dios quería dirigir a Abraham es el lugar donde él quiere llevar a cada miembro del cuerpo de Cristo. Abraham es lo que la Biblia llama un “hombre de modelo”, alguien que sirve como ejemplo de cómo caminar delante del Señor. El ejemplo de Abraham nos muestra lo que es requerido de todos los que buscan agradar a Dios.


No se equivoque, Abraham no era un hombre joven cuando Dios lo llamó a hacer éste compromiso. Probablemente había puesto en marcha planes para proveer para el futuro de su familia, así que debería de estar preocupado sobre muchas consideraciones mientras él sopesaba el llamado de Dios. Sin embargo, Abraham “le creyó a Dios; y (Dios) se lo contó por justicia” (Génesis 15:6)


El Apóstol Pablo nos dice que todos los que creen y confían en Cristo son hijos de Abraham. Y así como Abraham, somos contados como justos por que obedecimos al mismo llamado de confiar todos nuestros mañanas en las manos del Señor.

jueves, 22 de octubre de 2009

EL PADRE SABE

Jesús nos llama a una manera de vivir que no da lugar a preocupación por el mañana y pone nuestro futuro completamente en sus manos: “No os angustiéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos?, por que los gentiles se angustian por todas estas cosas, pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas ellas”.


“Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. Así que no os angustiéis por el día de mañana, por que el día de mañana traerá su propia preocupación” (Mateo 6:31-34)


Jesús no quiere decir que no debemos planear o hacer nada sobre nuestro futuro. En lugar de eso, está diciendo: “No estés ansioso o perturbado por tu futuro.” Si lo pensamos bien, la mayoría de nuestras ansiedades son sobre lo que pudiera ocurrir mañana. Constantemente estamos acosados por dos pequeñas palabras: ¿Y si?


¿Y si la economía falla, y pierdo mi trabajo? ¿Cómo pagaré mi hipoteca? ¿Cómo sobrevivirá mi familia? ¿Y si pierdo mi seguro médico? Si me enfermo y tengo que ir al hospital, estaremos arruinados. ¿Y si mi fe falla durante las pruebas? Todos tenemos miles de ansiedades “¿y si?”.


Jesús interrumpe nuestros ¿y si? Y nos dice, “Vuestro Padre celestial sabe cómo cuidarlos” Y él añade, “No necesitas preocuparte. Tu Padre sabe que tienes necesidad de estas cosas y él nunca te abandonará. El es fiel para alimentarte, para vestirte y para suplir todas tus necesidades”.


“Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y sin embargo, vuestro Padre celestial las alimenta…Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan…ni aun Salomón con toda su gloria se vistió como uno de ellos.”


“Y si la hierba del campo, que hoy es y mañana se quema en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más por vosotros, hombres de poca fe?” (Mateo 6:26, 28-30).


Con mucho gusto le damos al Señor todos nuestros ayeres, entregándole nuestros pecados pasados. Confiamos en él para el perdón de todas nuestras fallas pasadas, nuestras dudas y miedos. Así que, ¿por qué no hacemos lo mismo con nuestros mañanas? La verdad es que la mayoría de nosotros nos aferramos a nuestro futuro, por que queremos el derecho a mantener nuestros sueños. Hacemos nuestros planes independientemente de Dios, y después le pedimos que bendiga y realice esas esperanzas y sueños.

miércoles, 21 de octubre de 2009

PAZ Y SEGURIDAD

Hay una cosa que yo temo por encima de cualquier otra, y es que yo me aleje de Cristo. Me estremezco de pensar que podría volverme flojo, descuidado espiritualmente, envuelto en sentimientos de no querer orar, y estar días sin buscar la Palabra de Dios. En mis viajes alrededor del mundo, he sido testigo de un “tsunami espiritual” de maldad que está arrasando.


Denominaciones enteras han sido engullidas en las olas de este tsunami, dejando una estela de ruinas de apatía. La Biblia nos advierte claramente que es posible que los creyentes devotos se alejen de Cristo.


Un Cristiano que busca “paz y seguridad a cualquier costo” y simplemente se agarra de su salvación, pagará un gran precio espiritual. Entonces, ¿Cómo podemos guardarnos de alejarnos de Cristo y de descuidar “una salvación tan grande”? Pablo nos dice cómo: “Por lo tanto, es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos.” (Hebreos 2:1).


Dios no está interesado en que podamos leer “velozmente” Su Palabra. Leer muchos capítulos al día, o tratar de terminar de leer rápidamente la Biblia, nos podría dar una buena sensación de éxito. Pero lo que es más importante es que “escuchemos” con oídos espirituales lo que leemos, y que meditemos en ello para que sea “escuchado” en nuestros corazones.


Mantenerse constante en la Palabra de Dios no era algo pequeño para Pablo. El nos advierte con amor, “Por tanto es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos” (Hebreos 2:1). El también dice, “Examinaos a vosotros mismos, para ver si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos? ¿No sabéis que Jesucristo está en vosotros? ¡A menos que estéis reprobados!” (2 Corintios 13:5).

Pablo no les está sugiriendo a esos creyentes de que ellos eran reprobados. El en cambio les urge “Como amantes de Cristo, examínense ustedes. Hagan un inventario espiritual. Después de andar con Cristo, ustedes saben muy bien que son amados por él, que él no los ha abandonado, que ustedes son redimidos. Pero pregúntense: ¿Cómo está su comunión con Cristo? ¿La están cuidando con toda diligencia? ¿Se apoyan en él durante sus momentos difíciles?”


Tal vez usted se dé cuenta y diga, “veo que me he deslizado un poco en mi vida, que tengo tendencia a flojear. Sé que estoy orando menos y menos. Mi caminar con el Señor no es lo que debería de ser.”


“Por que somos hechos participantes de Cristo, con tal que retengamos firme hasta el fin nuestra confianza del principio” (Hebreos 3:14).

martes, 20 de octubre de 2009

EL LIBERADOR

El Apóstol Pedro nos dice, “Si Dios… tampoco perdonó al mundo antiguo, sino que guardó a Noé…y trajo el diluvio sobre el mundo de los impíos. También condenó por destrucción a las ciudades de Sodoma y de Gomorra, reduciéndolas a ceniza…y poniéndolas de ejemplo a los que habían de vivir impíamente. Pero libró al justo Lot… (entonces) el Señor sabe librar de tentación a los piadosos.” (2 Pedro 2:4-9)


A pesar de la severidad de estos ejemplos, Dios está enviando un mensaje claro de consuelo para su pueblo, como si nos estuviera diciendo: “Les acabo de dar dos de los ejemplos más grandes de mi compasión. Si en medio de un diluvio mundial y devastador, yo puedo rescatar a un hombre justo y a su familia de la destrucción…entonces ¿no puedo yo salvarte a ti también? ¿No puedo yo proveer un escape milagroso para ti también?


“Si puedo enviar juicio con fuego y azufre que consuma ciudades enteras, y al mismo tiempo envío ángeles en medio del caos para salvar a Lot y a sus hijas…entonces, ¿no podría yo rescatarte a ti de tus tribulaciones?”


La lección dada aquí para el justo es la siguiente: Dios hará todo lo que sea necesario para salvar a su pueblo de las feroces tribulaciones y tentaciones. Piense en esto: Fue necesario que se abriera el Mar Rojo para salvar a Israel de las garras de sus enemigos. Fue necesario que agua saliera de la roca para salvar a esos mismos Israelitas de su angustia en el desierto. Fue necesario pan milagroso, alimento de ángeles que literalmente fue enviado del cielo, para salvarlos del hambre. Y fue necesaria un arca para salvar a Noé del diluvio, y “ángeles de escolta” para salvar a Lot de la destrucción de fuego. Lo que está claro es que Dios sabe cómo salvar a su pueblo, y que él irá a cualquier extremo para lograrlo, no importa cual sea la circunstancia.


La frase de Pedro “El Señor sabe librar” significa simplemente, “El ya ha hecho planes”. La verdad maravillosa es que Dios ya tiene planes hechos para librarte aun antes de que clames a él. Y él no se sienta sobre esos planes; él sólo espera nuestro clamor pidiéndole ayuda. Tal vez estamos enredados en la lucha más difícil de nuestra vida, preguntándonos cómo nos librará Dios, y no nos damos cuenta de que él está listo en todo momento para poner su plan en acción.


Vemos esto ilustrado en Jeremías 29, cuando Israel estaba cautivo de Babilonia. Esta fue tal vez la tribulación más grande que el pueblo de Dios experimentó, pero el Señor les había prometido a ellos: “Después de setenta años, los visitaré y despertaré sobre vosotros mi buena palabra.”


“Por que yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de de paz y no de mal, para daros el fin que esperáis” (Jeremías 29:11). La última frase significa literalmente “darles lo que ustedes anhelan.” Dios quiere que continuemos orando para que estemos listos para ser liberados.

lunes, 19 de octubre de 2009

QUÈDATE QUIETO Y CONOCERÀS

En 1958 mi corazón se dolió cuando leí la noticia de siete muchachos adolescentes a los cuales se los estaba enjuiciando por haber asesinado a un muchacho paralítico. El Espíritu Santo me conmovió fuertemente y me sentí dirigido a ir a la Corte de Justicia de la ciudad de Nueva York donde los estaban enjuiciando, y entré en la sala de audiencia convencido de que el Espíritu me había enviado para tratar de hablar con esos jóvenes.


Cuando la sesión llegó a su final al terminar el día, una realidad se me fue haciendo aparente. Yo pensé, “Esos jóvenes van a ser sacados por esa puerta encadenados y nunca más los volveré a ver.” Así que me levanté de mi asiento y me dirigí hacia donde estaba el juez, para pedir permiso de poder hablar con los jóvenes antes de que se los lleven a sus celdas.


En un instante, fui sujetado por policías y llevado fuera de la sala bruscamente. Los reporteros que cubrían el juicio, al ver esto empezaron a sacarme fotos y a acosarme con preguntas. Todo lo que yo pude hacer fue quedarme parado sin palabras, completamente sorprendido en medio de una situación embarazosa y humillante. Yo pensé, “¿Qué pensará mi iglesia allá en mi pueblo? La gente va a creer que estoy loco. He sido tan ingenuo”.


En medio de todo este caos, yo oré dentro de mí, “Señor, yo creí que me habías dicho que yo venga acá. ¿Què salió mal?” Por supuesto que no podía orar en voz alta por que los reporteros hubieran pensado que yo estaba más loco de lo que aparentaba. (¡Y yo ya lucía bastante ridículo por que estaba usando una corbata pajarita!).


Dios escuchó el clamor de este pobre hombre aquel día, y El ha honrado mi clamor silencioso desde aquél día. Vea usted, debido a esa lamentable escena en ese juicio, nació el ministerio Teen Challenge (Desafío Adolescente), con un alcance que hoy día alcanza alrededor del mundo. Y yo gozosamente comparto el humilde testimonio de David en el Salmo 34: “En Jehová se gloriará mi alma; lo oirán los mansos y se alegrarán” (Salmo 34:2).


En esencia, David estaba diciendo, “Tengo algo que decirles a todas las personas humildes de Dios sobre la tierra, aquellos que viven hoy y aquellos de los siglos venideros. Mientras exista el mundo, el Señor rescatará a cualquiera que clame a El y confía en él. En su increíble misericordia y amor, él me libra, aún cuando yo haya cometido una tontería.”


Todo lo que usted necesita saber es que nuestro bendito Señor escucha cada clamor sincero, ya sea en voz alta o sin hablar, y él responde. Aún s usted ha actuado tontamente o ha tenido una decaída de fe, usted sólo necesita volver a clamar a su Liberador. El es fiel para escuchar nuestro clamor y actuar.

domingo, 18 de octubre de 2009

APACIENTA MIS CORDEROS

Cuando le pedí al Espíritu Santo que me enseñara cómo guardarme contra la negligencia y la negación, me llevó a considerar cómo Pedro se alejó y luego, la renovación que ocurrió. Este hombre negó a Cristo, incluso maldiciendo, diciendo a sus acusadores: “Yo no lo conozco”.


¿Qué había pasado? ¿Qué fue lo que llevó a Pedro hasta ese punto? Fue su orgullo, el resultado de la soberbia, de la justicia propia. Este discípulo había dicho de sí mismo: “No podría dejar enfriar mi amor por Jesús. He alcanzado un lugar en mi fe donde no necesito que me adviertan. Otros pueden tropezar, pero yo moriré por mi Señor”.


Sin embargo, Pedro fue el primero de los discípulos en rendirse ante la lucha. Abandonó su llamado y volvió a su antigua profesión, diciéndole a los demás: “Voy a pescar”. Lo que él realmente estaba diciendo era: “No puedo más. Pensé que no podía fallar, pero nadie le ha fallado tanto a Dios como yo. Ya no soporto más esta lucha”.


Para ese punto, Pedro ya se había arrepentido de negar a Jesús. Ya había sido restaurado en el amor de Jesús. Pero él era, todavía, un hombre débil por dentro.


Ahora, mientras Jesús esperaba que sus discípulos regresaran a la orilla, un asunto seguía sin ser resuelto en la vida de Pedro. No era suficiente que Pedro fuera restaurado, teniendo seguridad de su salvación. No era suficiente que él haya ayunado y orado como cualquier devoto creyente lo haría. No, el asunto al que Cristo quería ponerle la atención en la vida de Pedro, era respecto a otra forma de negación, una forma diferente de negligencia. Permítame explicarle.


Mientras se sentaban alrededor del fuego en la costa, comiendo y compartiendo, Jesús le preguntó a Pedro tres veces: “¿Me amas más que estos?” Cada vez, Pedro respondía: “Sí Señor, Tú sabes que te amo”, y Cristo le respondía: “Apacienta mis corderos”. Noten que Jesús no le recordó que esté alerta ni que ore, ni tampoco que sea diligente en leer su Palabra. Cristo asumía que esas cosas ya habían sido bien enseñadas. Por el contrario, la instrucción que le dio a Pedro ahora fue: “Apacienta mis corderos”.


Yo creo que en esa simple frase, Jesús instruía a Pedro sobre cómo guardarse de la negligencia. En esencia, le decía: “Quiero que te olvides de tu fracaso, olvida que te alejaste de mí. Has regresado a mí ahora, te he perdonado y te he restaurado. Así que es tiempo de dejar de enfocarte en tus dudas, fracasos y problemas. Y la forma de hacerlo es no descuidando a mi pueblo y ministrar a sus necesidades. Como el Padre me envió, así te envío Yo”.

jueves, 15 de octubre de 2009

MI SALMO FAVORITO, POR LEJOS

De todos los 150 salmos, el Salmo 34 es mi favorito, por lejos. Trata enteramente acerca de la fidelidad del Señor para librar a sus hijos de las grandes pruebas y crisis. David declara: “Busqué a Jehová, y él me oyó, y me libró de todos mis temores…El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen, y los defiende…Claman los justos, y Jehová oye, y los libra de todas sus angustias…Muchas son las aflicciones del justo, pero de todas ellas le librará Jehová” (Salmos 34:4, 7, 17,19).


Note el clamor de David en este Salmo: “Busqué a Jehová…Este pobre clamó…” (Salmos 34:4,6). ¿Cuándo hizo David este clamor? Tuvo que haber pasado cuando fingía ser loco en Gat y no podía orar audiblemente en la presencia de los filisteos. Esto nos trae a una gran verdad sobre el cuidado de Dios. A veces el clamor más alto es el que no tiene una voz audible.


Yo sé cómo es esta clase de “clamor interno”. Muchas de las oraciones más altas de mi vida, de mis clamores más importantes, desgarradores y profundos, han sido hechos en absoluto silencio.

A veces he sido tan entumecido por las circunstancias, que no podía hablar, agobiado por situaciones más allá de mí, que no podía ni siquiera pensar lo suficientemente claro como para orar. En ocasiones, me he sentado solo en mi estudio, tan desconcertado, que no era capaz de decirle nada al Señor, pero todo el tiempo mi corazón estuvo clamando: “¡Dios, ayúdame! No sé cómo orar justo ahora, así que escucha el clamor de mi corazón. Líbrame de esta situación”.

¿Alguna vez ha estado usted allí? ¿Alguna vez ha pensado: “No sé de qué se trata todo esto, estoy tan abrumado por mis circunstancias, tan inundado por un profundo dolor, que no lo puedo explicar. Señor, ni siquiera sé qué decirte. ¿Qué está pasando?”.


Creo que esto es exactamente lo que David estaba pasando cuando fue capturado por los filisteos. Cuando escribió el Salmo 34, estaba admitiendo lo siguiente: “Me encontraba en una situación tan abrumadora, que jugué el papel de un tonto. Sin embargo, por dentro, me preguntaba: ‘¿Qué me está pasando? ¿Cómo llegó esto a suceder? ¡Señor, ayúdame!’”


Parecía que David estaba diciendo: “Este pobre hombre clamó desde su interior, sin saber qué o cómo orar. Y el Señor me oyó y me libró”. Era un clamor profundo del corazón, y el Señor es fiel para escuchar cada gemido, sin importar cuán tenue sea.

miércoles, 14 de octubre de 2009

CRISTO REINA

Frecuentemente mucha gente se contacta con nuestro ministerio y dice: “No tengo a nadie con quien hablar, a nadie con quien compartir mi carga, a nadie que tenga tiempo para escuchar mi clamor. Necesito a alguien a quien le pueda abrir mi corazón”.

 

El rey David estaba constantemente rodeado por personas. Estaba casado y siempre había alguien a su lado. Aun así, escuchábamos el mismo clamor de él: “A quien iré”. Está en nuestra naturaleza, el necesitar a otro ser humano, con rostro, ojos y oídos, que nos escuche y nos aconseje.

 

Cuando Job estuvo abrumado por sus problemas, clamó con pena, “¡Quién me diera quien me oyese!” (Job 31:35). Él pronunció este grito mientras estaba sentado con quienes decían llamarse sus amigos. Aquellos amigos no tenían compasión por sus problemas; de hecho, eran mensajeros de la desesperanza.

 

Job sólo acudió al señor: “Mas he aquí que en los cielos está mi testigo, y mi testimonio en las alturas… Mas ante Dios derramaré mis lágrimas” (Job 16:19-20).

 

David le dice al pueblo de Dios que haga lo mismo: “Esperad en él en todo tiempo, oh pueblos; Derramad delante de él vuestro corazón; Dios es nuestro refugio” (Salmos 62:8).

 

Eventualmente, el sufrimiento nos llega a todos nosotros, y ahora mismo, multitudes de santos están encadenados por aflicciones. Sus circunstancias han tornado su gozo en sentimientos de impotencia e inutilidad. Muchos se preguntan en su dolor, “¿Por qué me está pasando esto? ¿Está Dios enojado conmigo? ¿Qué he hecho mal? ¿Por qué no responde mis oraciones?

 

Yo creo en mi corazón, que esta palabra es una invitación del Espíritu Santo para que usted encuentre un lugar privado, en donde pueda frecuentemente derramar su alma al Señor. David “derramó sus quejas”, y usted también puede hacerlo. Puede hablarle a Jesús acerca de todo: Sus problemas, sus pruebas presentes, su economía, su salud, y decirle cuán abrumado está, inclusive cuán desalentado se siente. Él lo escuchará con amor y simpatía, y no menospreciará su clamor.

 

Dios le respondió a David; le respondió a Job. Y por siglos ha respondido el clamor de todos aquéllos que han confiado en sus promesas. Él ha prometido escucharlo y guiarlo. Él ha prometido por juramento que será su fuerza, así que usted puede ir a Él y salir renovado.