jueves, 29 de octubre de 2009

REGOCIJAOS EN EL SEÑOR

“Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!” (Filipenses 4:4) Estas son las palabras finales de Pablo a los Filipenses. El no estaba diciendo, “Estoy en prisión y éstas cadenas son una bendición. Estoy tan contento de este dolor”. Yo estoy convencido de que Pablo oró diariamente por su liberación y que a veces clamaba por fortaleza para soportar. Aún Jesús en su hora de aflicción y dolor, clamó al Padre, “¿Por qué me has abandonado?” Este es nuestro primer impulso en nuestras aflicciones, clamar y preguntar, “¿Por qué?” Y el Señor es paciente con ese clamor.


Pero Dios también ha provisto para que nuestras preguntas de “¿Y si…?, y los “¿Por qué?” puedan ser respondidas por su Palabra. Pablo escribe, “Sabiendo que estoy puesto para defensa del evangelio…Cristo es anunciado; y en esto me gozo y me gozaré siempre.”(Filipenses 1:17-18) El nos está diciendo, en otras palabras, “Estoy determinado a que la Palabra de Dios sea validada por la manera en que yo reacciono a esta aflicción. Yo me he propuesto que no voy a traer vergüenza al evangelio ni hacerlo parecer sin poder.”


“El hecho es, Cristo está siendo predicado por mi apariencia calmada, por mi descanso en medio de todo esto. Todos los que me ven saben que el evangelio que yo predico, me sostiene durante estos tiempos duros. Esto prueba de que Dios puede llevar a cualquier persona a través de cualquier situación, cualquier fuego o inundación, y que el evangelio será predicado a través de esa experiencia.”


El mensaje que yo escucho a través de Pablo y de Abraham es éste: No tenemos que hacer algo grande para el Señor. Tan solo tenemos que confiar en él. Nuestro rol es colocar nuestras vidas en las manos de Dios y creer que él cuidará de nosotros. Si nosotros simplemente hacemos eso, su evangelio estará siendo predicado, no importa cual sea nuestra circunstancia. Y Cristo será revelado en nosotros especialmente en nuestras circunstancias difíciles.


Sam, un anciano de nuestra iglesia, me dijo una vez, “Pastor David, la manera en que usted responde a los momentos difíciles es un testimonio para mí”. Lo que Sam no se dio cuenta es que su vida es un sermón para mí. El vive con un dolor crónico que sólo le permite dormir unas pocas horas cada noche. A pesar de su dolor atroz, su devoción al Señor es un testimonio para todos nosotros. Su vida predica a Cristo tan poderosamente como cualquiera de los sermones de Pablo.


Así que, ¿está Cristo siendo predicado durante el tiempo difícil que usted está pasando? ¿Ve su familia que el evangelio está trabajando en usted? O sólo ven pánico, desesperación e incertidumbre de las fidelidades de Dios? ¿Cómo está usted respondiendo a su aflicción?