lunes, 19 de octubre de 2009

QUÈDATE QUIETO Y CONOCERÀS

En 1958 mi corazón se dolió cuando leí la noticia de siete muchachos adolescentes a los cuales se los estaba enjuiciando por haber asesinado a un muchacho paralítico. El Espíritu Santo me conmovió fuertemente y me sentí dirigido a ir a la Corte de Justicia de la ciudad de Nueva York donde los estaban enjuiciando, y entré en la sala de audiencia convencido de que el Espíritu me había enviado para tratar de hablar con esos jóvenes.


Cuando la sesión llegó a su final al terminar el día, una realidad se me fue haciendo aparente. Yo pensé, “Esos jóvenes van a ser sacados por esa puerta encadenados y nunca más los volveré a ver.” Así que me levanté de mi asiento y me dirigí hacia donde estaba el juez, para pedir permiso de poder hablar con los jóvenes antes de que se los lleven a sus celdas.


En un instante, fui sujetado por policías y llevado fuera de la sala bruscamente. Los reporteros que cubrían el juicio, al ver esto empezaron a sacarme fotos y a acosarme con preguntas. Todo lo que yo pude hacer fue quedarme parado sin palabras, completamente sorprendido en medio de una situación embarazosa y humillante. Yo pensé, “¿Qué pensará mi iglesia allá en mi pueblo? La gente va a creer que estoy loco. He sido tan ingenuo”.


En medio de todo este caos, yo oré dentro de mí, “Señor, yo creí que me habías dicho que yo venga acá. ¿Què salió mal?” Por supuesto que no podía orar en voz alta por que los reporteros hubieran pensado que yo estaba más loco de lo que aparentaba. (¡Y yo ya lucía bastante ridículo por que estaba usando una corbata pajarita!).


Dios escuchó el clamor de este pobre hombre aquel día, y El ha honrado mi clamor silencioso desde aquél día. Vea usted, debido a esa lamentable escena en ese juicio, nació el ministerio Teen Challenge (Desafío Adolescente), con un alcance que hoy día alcanza alrededor del mundo. Y yo gozosamente comparto el humilde testimonio de David en el Salmo 34: “En Jehová se gloriará mi alma; lo oirán los mansos y se alegrarán” (Salmo 34:2).


En esencia, David estaba diciendo, “Tengo algo que decirles a todas las personas humildes de Dios sobre la tierra, aquellos que viven hoy y aquellos de los siglos venideros. Mientras exista el mundo, el Señor rescatará a cualquiera que clame a El y confía en él. En su increíble misericordia y amor, él me libra, aún cuando yo haya cometido una tontería.”


Todo lo que usted necesita saber es que nuestro bendito Señor escucha cada clamor sincero, ya sea en voz alta o sin hablar, y él responde. Aún s usted ha actuado tontamente o ha tenido una decaída de fe, usted sólo necesita volver a clamar a su Liberador. El es fiel para escuchar nuestro clamor y actuar.