jueves, 15 de octubre de 2009

MI SALMO FAVORITO, POR LEJOS

De todos los 150 salmos, el Salmo 34 es mi favorito, por lejos. Trata enteramente acerca de la fidelidad del Señor para librar a sus hijos de las grandes pruebas y crisis. David declara: “Busqué a Jehová, y él me oyó, y me libró de todos mis temores…El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen, y los defiende…Claman los justos, y Jehová oye, y los libra de todas sus angustias…Muchas son las aflicciones del justo, pero de todas ellas le librará Jehová” (Salmos 34:4, 7, 17,19).


Note el clamor de David en este Salmo: “Busqué a Jehová…Este pobre clamó…” (Salmos 34:4,6). ¿Cuándo hizo David este clamor? Tuvo que haber pasado cuando fingía ser loco en Gat y no podía orar audiblemente en la presencia de los filisteos. Esto nos trae a una gran verdad sobre el cuidado de Dios. A veces el clamor más alto es el que no tiene una voz audible.


Yo sé cómo es esta clase de “clamor interno”. Muchas de las oraciones más altas de mi vida, de mis clamores más importantes, desgarradores y profundos, han sido hechos en absoluto silencio.

A veces he sido tan entumecido por las circunstancias, que no podía hablar, agobiado por situaciones más allá de mí, que no podía ni siquiera pensar lo suficientemente claro como para orar. En ocasiones, me he sentado solo en mi estudio, tan desconcertado, que no era capaz de decirle nada al Señor, pero todo el tiempo mi corazón estuvo clamando: “¡Dios, ayúdame! No sé cómo orar justo ahora, así que escucha el clamor de mi corazón. Líbrame de esta situación”.

¿Alguna vez ha estado usted allí? ¿Alguna vez ha pensado: “No sé de qué se trata todo esto, estoy tan abrumado por mis circunstancias, tan inundado por un profundo dolor, que no lo puedo explicar. Señor, ni siquiera sé qué decirte. ¿Qué está pasando?”.


Creo que esto es exactamente lo que David estaba pasando cuando fue capturado por los filisteos. Cuando escribió el Salmo 34, estaba admitiendo lo siguiente: “Me encontraba en una situación tan abrumadora, que jugué el papel de un tonto. Sin embargo, por dentro, me preguntaba: ‘¿Qué me está pasando? ¿Cómo llegó esto a suceder? ¡Señor, ayúdame!’”


Parecía que David estaba diciendo: “Este pobre hombre clamó desde su interior, sin saber qué o cómo orar. Y el Señor me oyó y me libró”. Era un clamor profundo del corazón, y el Señor es fiel para escuchar cada gemido, sin importar cuán tenue sea.