domingo, 11 de octubre de 2009

EN MEDIO DE UN MILAGRO

Usted podría estar en medio de un milagro en este preciso momento y simplemente, no darse cuenta. Quizás, ahora mismo esté esperando un milagro. Se encuentra desanimado porque las cosas no parecen cambiar en absoluto. No ve ninguna evidencia de la obra sobrenatural de Dios a favor suyo.

 

Considere lo que dice David en el Salmo 18: “En mi angustia invoqué a Jehová, y clamé a mi Dios. El oyó mi voz desde su templo, y mi clamor llegó delante de él, a sus oídos. La tierra fue conmovida y tembló; se conmovieron los cimientos de los montes…Humo subió de su nariz, y de su boca fuego consumidor…inclinó los cielos, y descendió…Tronó en los cielos Jehová, y el Altísimo dio su voz…Envió sus saetas…Lanzó relámpagos” (Salmos 18:6-9, 13-14).

 

Usted debe darse cuenta de que ninguna de estas cosas sucedió literalmente. Todo se trataba de algo que David vio con sus ojos espirituales. Amado, eso es fe. Es cuando usted cree que Dios ha oído su clamor, que Él no ha tardado, ni tampoco ha ignorado su petición. Por el contrario, Él comenzó calladamente su milagro, apenas usted oró; aun ahora Él está haciendo una obra sobrenatural a favor de usted. Eso es verdaderamente creer en milagros, en su maravillosa obra progresiva en nuestras vidas.

 

David entendió la verdad fundamental debajo de todo: “Me sacó a lugar espacioso; me libró, porque se agradó de mí” (Salmos 18:19). David declaró: “Yo sé por qué Dios está haciendo tanto por mí. Es porque Él se deleita en mí”.

 

De verdad, yo creo en los milagros instantáneos. Dios sigue obrando maravillas gloriosas e instantáneas en el mundo de hoy. Pero en estos pasajes del Evangelio (Mateo 16:9-11, Marcos 8:19-21), mientras Jesús les recuerda a los discípulos la milagrosa alimentación de los 5,000 y de los 4,000, Él les pide a ellos y a nosotros a tomar nota de sus milagros progresivos y su importancia para nuestras vidas, hoy.