martes, 13 de octubre de 2009

YO SOY PODER Y COMPASION

Y Jesús, llamando a sus discípulos, dijo: Tengo compasión de la gente, porque ya hace tres días que están conmigo, y no tienen qué comer; y enviarlos en ayunas no quiero, no sea que desmayen en el camino” (Mateo 15:32).

 

Creo que Cristo estaba haciéndoles a sus discípulos, una declaración. Estaba diciendo: “Voy a hacer más por la gente, que sólo sanarla. Voy a asegurarme de que tengan suficiente pan para comer. Me interesa todo lo que tenga que ver con sus vidas. Ustedes deben ver que Yo soy más que sólo poder. Yo también soy compasión. Si ustedes solamente me ven como sanador o hacedor de milagros, me temerán. Pero si también me ven como alguien compasivo, entonces, me amarán y confiarán en mí”.

 

Escribo este mensaje para todos aquéllos que están al borde del agotamiento, a punto de desmayar, agobiados a causa de su situación presente. Han sido siervos fieles, han alimentado a los demás y tienen la confianza de que Dios puede hacer lo imposible por su pueblo. Sin embargo, todavía tienen algunas dudas persistentes acerca de la disponibilidad de Dios para intervenir en su lucha.

 

Me pregunto cuántos lectores de este mensaje han hablado palabras de fe y esperanza a otras personas que enfrentaban situaciones penosas, al parecer sin esperanza. Quizás han instado con estas palabras: “Agárrese, el Señor puede hacerlo. Él es un Dios hacedor de prodigios y sus promesas son verdaderas. Así que, no pierda la esperanza, porque Él responderá su clamor”.

 

“¿Realmente crees en los milagros?” Esa es la pregunta que me hizo el Espíritu Santo. Mi respuesta fue: “Sí, por supuesto, Señor. Creo en cada milagro que he leído en las Escrituras”. Pero esta respuesta no fue lo suficientemente buena. La pregunta de Dios para cada uno de nosotros, realmente es: “¿Crees que puedo obrar un milagro para ti?” Y no tan sólo un milagro, sino un milagro para cada crisis, para cada situación que enfrentemos. Necesitamos más que los milagros del Antiguo Testamento, del Nuevo Testamento, más que esos milagros que acontecieron en la historia. Necesitamos milagros actuales, de hoy, personales, diseñados exclusivamente para nosotros y para nuestra situación.

 

Piense en alguna dificultad que está enfrentando en este instante, su mayor necesidad, su problema más preocupante. Usted ha orado acerca de ello por tanto tiempo. ¿De veras cree que el Señor es capaz y que va a solucionarlo, de maneras que usted no puede concebir? Ese tipo de fe obliga al corazón a dejar de preocuparse y de hacer preguntas. Le dice a usted que descanse en el cuidado del Padre, confiando que Él lo va a hacer todo a su manera y en su tiempo.