martes, 22 de marzo de 2016

LA PRUEBA DE TU FE

Dios no se deleita en las pruebas por las que atraviesan sus hijos. La Biblia dice que Cristo es compasivo hacia nosotros en todas nuestras pruebas, siendo tocado por los sentimientos de nuestras dolencias. En Apocalipsis 2:9 le dice a la iglesia “Conozco… tu tribulación, y tu pobreza” Está diciendo, en esencia, “Sé por lo que estás atravesando. Quizás no lo entiendas, pero sé todo al respecto.”

Es esencial que comprendamos esta verdad, porque el Señor sí prueba a su pueblo. La Escritura dice: “Nos ensayaste (probaste) como se afina la plata” (Salmo 66:10). “Vuestra fe…se prueba con fuego” (1 Pedro 1:7). “Jehová prueba al justo” (Salmo 11:5).

Ciertamente, todos los que siguen a Jesús van a enfrentar aflicciones. El Salmista escribe: “Muchas son las aflicciones del justo” (Salmo 34:19). Pablo habla de tener “mucha aflicción y angustia del corazón…con muchas lágrimas” (2 Corintios 2:4). Y Hebreos describe a santos que son “pobres, angustiados, maltratados” y que “[sostuvieron] gran combate de padecimientos” (Hebreos 11:37, 10:32).

El hecho es que la Biblia habla muchísimo sobre el sufrimiento, tribulaciones y problemas en la vida de los creyentes. De acuerdo al Salmista, “Porque mi alma está hastiada de males, y mi vida cercana al Seol” (Salmo 88:3). Igualmente, David escribe de soportar “muchas angustias y males” (71:20).

No puedo nombrar a un solo seguidor de Jesús que no haya soportado todas estas cosas que la Escritura menciona: pruebas, tribulaciones, aflicciones y angustia. Sé que puedo decir junto con David: “He soportado pruebas y problemas grandes y difíciles.” Y sé que muchos otros leyendo este mensaje pueden decir: “Eso resume mi vida hasta este momento. Estoy enfrentando angustiosas pruebas y aflicciones.”

Por esta razón, cada cristiano tiene que saber y aceptar que Dios tiene un propósito en todos nuestros sufrimientos. Ninguna prueba entra en nuestras vidas sin que él lo permita, y uno de los propósitos de Dios detrás de nuestras pruebas es el producir en nosotros una fe inquebrantable. Pedro escribe: “Para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo” (1 Pedro 1:7). Pedro llama a estas experiencias “fuego de prueba” (4:12).