lunes, 14 de marzo de 2016

EL REMEDIO DE CRISTO PARA EL TEMOR by Gary Wilkerson

Muchos en la Iglesia de hoy viven como si hubieran aceptado la derrota. Sus pensamientos se rigen por la duda en lugar de la creencia y viven con patrones habituales de pecado. Mantienen su fe para ellos mismos, pensando que si luchan tanto, ¿cómo podrían ayudar a alguien más? Así es como luce la vida cristiana sin el poder de la resurrección.

En realidad, así es como lucía la vida de los discípulos después de la crucifixión. Entonces, ¿qué fue lo primero que hizo Jesús después de la resurrección? Él trató con los temores de sus seguidores: "Cuando llegó la noche de aquel mismo día, el primero de la semana, estando las puertas cerradas en el lugar donde los discípulos estaban reunidos por miedo de los judíos, vino Jesús, y puesto en medio, les dijo: Paz a vosotros" (Juan 20:19).

Literalmente, los discípulos se habían encerrado bajo llave, temerosos del mundo exterior. Ellos tenían temor de la burla, el escarnio, la persecución, incluso la posibilidad de una muerte como la que Jesús experimentó. Pero Cristo vino directamente a través de esas paredes para reunirse con ellos en su temor y sus primeras palabras a ellos fueron: "Paz a vosotros". Incluso en ese momento seguían temerosos, por lo que Jesús tuvo que decírselo dos veces: "Paz a vosotros" (ver 20:19,21). Cristo no los regañó ni los juzgó por su temor; por el contrario, se acercó a ellos en su punto más profundo de necesidad.

Lo mismo ocurrió alrededor de una semana más tarde. Una vez más los discípulos se habían encerrado a causa del temor, y una vez más Jesús entró trayendo paz: " Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro, y con ellos Tomás. Llegó Jesús, estando las puertas cerradas, y se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros" (20:26).

A veces Jesús tiene que decirnos las cosas más de una vez. Aun así, Él no juzgó a los discípulos por su temor; en cambio, Él les mostró toda la paciencia. A principios de dicha semana, Tomás había expresado incredulidad, pero ahora Jesús lo invitó a examinar Sus cicatrices para eliminar cualquier duda. "Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío, y Dios mío!" (20:28).

Aquí, en la respuesta de Tomás vemos el remedio de Cristo para nuestros temores: ¡Creer! Jesús lo proclama a Su Iglesia, y Su Iglesia lo proclama todas las semanas a todos los que entran por sus puertas: "La paz sea contigo. No tengas temor. Cree en Él".