martes, 29 de marzo de 2016

FUERA DE LA PUERTA

Abraham pasó una gran prueba de fe cuando, en obediencia a Dios, ofreció a su hijo Isaac en sacrificio. Sin embargo, aún más que su fe probada, Abraham fue apartado de esta tierra, un hecho probado cuando ofreció a su hijo. Él tuvo fe en que había un propósito mayor del que él podía ver. Aquí tenemos a un hombre verdaderamente en el mundo pero no del mundo, viendo su ciudadanía en otro mundo.

Ahora considera lo que Hebreos dice de Cristo “(Él)… padeció fuera de la puerta” (13:12). Jesús sufrió como un extranjero, siempre en las afueras de la religión formal, en las afueras de la sociedad aceptada. Sin embargo, Cristo también estaba “afuera” en el sentido de no tener un lugar aquí en la tierra, tan siquiera para reposar su cabeza. En todo lo que Jesús hizo, siempre miró hacia el cielo.

Como nuestro Salvador y como nuestro antepasado Abraham: “no tenemos aquí ciudad permanente, sino que buscamos la por venir” (13:14). Vivimos y trabajamos en esta tierra, pero somos extranjeros aquí; nuestra verdadera patria es la Nueva Jerusalén. Por lo tanto, Hebreos nos urge: “Salgamos, pues, a él, fuera del campamento, llevando su vituperio” (13:13). Hasta que también estemos en las “afueras” del campamento, fuera de la lujuria y el materialismo de este mundo, no estaremos donde nuestro Novio está.

Vivo en un hogar agradable y manejo un carro bonito. Pero continuamente estoy en guardia en contra de que tales cosas materiales tomen mi corazón. El hecho es que puedes tener una fe poderosa y aun así no anhelar a Cristo. “Si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy” (1 Corintios 13:2).

Tristemente, cuando miro alrededor, veo multitudes de cristianos creyentes que tienen mucha fe, pero no tienen el anhelo de estar con Jesús. En lugar de ello, han fijado sus ojos en las cosas de este mundo y en cómo obtenerlas. Yo encuentro que esas personas no quieren escuchar sobre fijarse en el cielo o ser apartado de este mundo. Para ellos, tal mensaje significa una interrupción de la “buena vida” que ellos disfrutan aquí.

Gracias a Dios, que Él tiene una manera maravillosa de empujarnos fuera de la puerta. Él nos dice, en esencia: “Si te voy a entregar a mi Hijo en matrimonio, no puede haber otra atracción en tu vida. Quiero estar seguro de que no estés deseando algo o a alguien que no sea Cristo. Tu sueño más emocionante, la mayor atracción de tu corazón, tiene que ser un deseo de estar con Cristo”.