lunes, 7 de marzo de 2016

EL PODER DE LA RESURRECCIÓN DE CRISTO by Gary Wilkerson

“Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó; y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados. Entonces también los que durmieron en Cristo perecieron. Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres” (1 Corintios 15:16-19).

Cuando adolescente, tenía dudas acerca de Dios y comencé a buscar en otras religiones. En ese tiempo encontré que la fe Baha'i era atractiva porque básicamente dice que todas las religiones son verdaderas y todos los caminos de la fe llevan al cielo. Pero luego leí al gran autor cristiano C.S. Lewis, quien corrigió mi pensamiento errado. Él escribió que todo el cristianismo descansa sobre una pregunta: ¿Hubo resurrección o no?

Si no podemos responder afirmativamente a esta pregunta, entonces no importa si hubo literalmente un arca de Noé o un período de la creación de seis días o un jardín del Edén real. Si la resurrección de Cristo no tuvo lugar, ninguna de esas cosas importa en absoluto. Pero si hubo resurrección, entonces todo lo demás se vuelve posible: Lázaro pudo ser resucitado de los muertos, la gente pudo ser sanada, los pecados pudieron ser removidos y el cielo puede ser una realidad. Ese es el poder de resurrección -y nos da algo que Pablo llama nuestra esperanza bienaventurada: "Aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo" (Tito 2:13).

Cuanto más leía cuando adolescente, más llegaba a la firme creencia acerca de los testigos que vieron a Jesús después de su resurrección: "Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún, y otros ya duermen"(1 Corintios 15:6). Empecé a ver la resurrección no sólo como un evento adicional, sino como la culminación y consumación de la obra de la muerte de Jesús por nosotros. Y la esperanza bienaventurada que fue plantada en mí se convirtió en una fuente de vida cada día.

Si no reclamamos el poder de la resurrección de Jesús en nuestra vida cotidiana, no vamos a experimentar lo que su resurrección ganó para nosotros.