martes, 15 de marzo de 2016

EL EVANGELIO NO PUEDE SER IMPEDIDO

El libro de los Hechos cierra con una asombrosa nota. Los últimos dos versículos, muestran a Pablo en cadenas, bajo arresto domiciliario y custodiado por soldados romanos. No obstante, lee la nota gozosa con la cual se describe la situación de Pablo: “Pablo permaneció dos años enteros en una casa alquilada, y recibía a todos los que a él venían, predicando el reino de Dios y enseñando acerca del Señor Jesucristo, abiertamente y sin impedimento” (Hechos 28:30-31).

En el idioma original, griego, la palabra “impedimento” realmente significa “obstrucción”. La versión “Reina Valera” dice que Pablo predicaba y enseñaba el evangelio “abiertamente, sin impedimento”. ¡Qué asombrosa declaración, siendo que Pablo estaba encarcelado! El evangelio no tenía impedimento, lo que significa que no tenía obstáculos ni obstrucciones. El autor usa este testimonio para cerrar el libro de Los Hechos con una poderosa declaración: “¡El evangelio no puede ser obstaculizado!”

No te equivoques, había obstáculos por todas partes para el mensaje de Pablo. Cuando en Roma, él llamó a los líderes judíos para que lo visitaran en sus cadenas, ellos se indignaron. Dijeron: “Ni siquiera te conocemos. ¿Quién eres tú para nosotros?” Cuando finalmente Pablo les predicó a Cristo, terminaron riñendo entre ellos. Al mismo tiempo, el Emperador Nerón estaba torturando y matando cristianos en las calles de Roma.

Considerando estos gigantescos impedimentos, ¿cómo planeó Dios impactar al pagano Imperio Romano? ¿Cuál sería Su método para establecer en Roma, una iglesia que influyera al mundo a través del imperio, por los próximos siglos? ¿Podría realmente ser este antiguo terrorista judío encarcelado, cuyo discurso se decía ser despreciable? ¿Era Pablo el mejor instrumento de Dios para evangelizar Roma y sus vastos territorios?

Por dos años, el apóstol estuvo encerrado en esta casa sin descripción ubicada en una bocacalle. No tuvo ningún evangelista asociado, ni Timoteo ni Bernabé, que trabajaran a su lado. No tuvo un micrófono para salir al aire con sus mensajes. No tuvo consultores ni conexiones políticas que le ayudaran. Pablo simplemente no tuvo programas o agendas planificadas. Y aun si las hubiere tenido, no había forma de publicarlas. No pudo ir a evangelizar puerta a puerta ni celebrar reuniones por las calles.

Él declaró, en muchas palabras: “Aquí estoy Señor. Úsame como Tú quieras”.

No, Pablo sólo estaba allí. No obstante, se sentía absolutamente satisfecho en el lugar donde Dios lo había puesto. Él declaró de tantas formas: “Aquí estoy, Señor. Úsame como quieras. No conozco Tu plan, pero sé que Tú me has puesto aquí. Tu evangelio avanzará sin impedimentos”.