lunes, 28 de diciembre de 2015

NO VUELVAS A EGIPTO by Gary Wilkerson

Abraham hizo grandes hazañas mientras Dios lo guiaba a la plenitud de Su bendición. Después, sin embargo cuando las circunstancias eran malas, Abraham perdió su enfoque de la gloria de Dios y se volvió a sus propios recursos: “Hubo entonces hambre en la tierra, y descendió Abram a Egipto para morar allá; porque era grande el hambre en la tierra” (Génesis 12:10).

La historia deja claro que Egipto era el último lugar al que Abraham debía haber ido. A lo largo del camino puso a su esposa en peligro, la perdió por un tiempo debido a un rey hostil, y mintió y manipuló situaciones para salvarse a sí mismo. Este hombre había confiado en Dios totalmente hasta este punto. ¿Por qué no confió en que Dios podía sacarlo de su dificultad?

Tal vez lo mismo te ocurre en tus crisis. Cuando la vida se torna dura - en tus finanzas, tu salud, tu familia - ¿mantienes tu mirada puesta en la gloria de Dios a través de todo ello? Si alguna vez has “descendido a Egipto” para buscar ayuda en esos tiempos, sabes qué tan improductivo puede ser ese esfuerzo. A menudo eso complica el problema, añadiendo vergüenza y desesperación.

Mi punto es este: nuestra separación del mundo no sucede a través de nuestros esfuerzos o habilidades. Sucede a través de una revelación de Dios - y Su Gloria permanece con nosotros incluso en nuestros tiempos difíciles. Considera al profeta Isaías. Cuando entró en el templo, vio la gloria de Dios: “Vi yo al Señor sentado sobre un trono, alto y sublime; y sus faldas llenaban el templo” (Isaías 6:1). Esa visión santa llevó a Isaías a postrarse sobre su rostro en el suelo en humildad y temor reverente: “Entonces dije: ¡Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos” (6:5).

En ese momento Isaías reconoció la separación de Dios. El Señor le dijo “Te he separado para Mis propósitos santos. Te he enviado a predicar Mi Palabra a un pueblo corrupto. Ellos se te opondrán, pero serás capaz de soportarlo porque has visto Mi gloria. Cuando se vuelvan en contra tuya, no tendrás que “descender a Egipto”, porque has visto la naturaleza del Dios que te ha llamado.”