martes, 1 de diciembre de 2015

HAMBRE DE LA VERDAD

“Porque [la reina del Sur] vino de los fines de la tierra para oír la sabiduría de Salomón, y he aquí más que Salomón en este lugar” (Mateo 12:42).

Todos tenemos que contestar una pregunta crucial hoy: “Si uno mayor que Salomón está en medio nuestro… ¿Es posible que nos deje en confusión? Si Su sabiduría está siempre disponible… ¿La busco tan apasionadamente como la reina buscó la sabiduría de Salomón?

Dios aun habla a su pueblo hoy. Y el habla tan claramente como lo hizo en el Antiguo Testamento, o a los apóstoles, o a la iglesia primitiva. Sin embargo, debemos darnos cuenta de una cosa: Dios escoge hablarles solo a aquellos que tienen oídos para escucharle. Déjame ilustrar esto.

Marcos 4:2 nos dice que Cristo “enseñaba [a las multitudes] por parábolas muchas cosas”. Entonces, Jesús cuenta la parábola del sembrador, un hombre que siembra la semilla en el campo. Pero cuando terminó la historia, la multitud quedó confundida. Ellos se preguntaban: “¿Quién es este sembrador que Él describe? ¿Y que representa la semilla? Toda esta charla acerca de aves, demonios, tierra escabrosa, buena tierra… ¿De qué se trata?”

Jesús no se lo explicó a la multitud. En lugar de ello, la Escritura dice: “El que tiene oídos para oír, oiga” (4:9) Solo los discípulos y unos pocos mas, un pequeño remanente, querían respuestas. Así que más tarde se acercaron a Jesús y le preguntaron el significado de la parábola: “Cuando estuvo solo, los que estaban cerca de él con los doce le preguntaron sobre la parábola” (4:10). Entonces Cristo se tomó el tiempo para contestar todas sus inquietudes (Ver 4:14-20). 


¿Puedes ver lo que está sucediendo en esta escena? Jesús le había dado a la multitud una verdad revelada, una palabra pronunciada directamente de la boca de Dios, pero esto los dejó perplejos. Puedes preguntarte: “¿Por qué Jesús no explicó la parábola de forma más clara?” Encontramos una clave más adelante en el mismo capítulo: “Y sin parábolas no les hablaba” (4:34). Yo creo que Jesús estaba diciendo: “Si quieres entender mi Palabra, tendrás que buscarme para saber la respuesta. Y debes venir como la Reina de Sabá lo hizo: con hambre de la verdad que te hará libre. Te daré toda la revelación que necesitas; pero tienes que acercarte a mí con un oído atento y dedicado”.